Es la vieja consigna, utilizada por Fidel Castro en sus discursos, mejor digamos, el pretexto para fusilar la disidencia e imponer la inclemente tiranía en la isla de Cuba. La que ahora utiliza Hugo Chávez, el presidente venezolano. A manera de una sentencia, la que proclamara el día de la toma de posesión de su segundo mandato en enero pasado cuando dijo: "Patria, socialismo o muerte, lo juro". La que a diario en sus también interminables alocuciones, emulando al maestro, nos recuerda una y otra vez, desde donde es evidente que sus adversarios, sus disidentes, son sus enemigos declarados, de ahí los epítetos de fascistas, los de llamarnos ultraderecha o imperialistas, hasta de traidores a la patria. Destilar el odio contra todos aquellos que se opongan a su afán destructor revolucionario y déspota.

Otra de sus herencias, muy a propósito de ello, el artículo de Gabriela Calderón, “El Che, ¿chévere?”, publicado en un digital español. En él se hace referencia, entre otros aspectos, a la determinación “feroz” del guerrillero, tras mencionar lo por Álvaro Vargas Llosa expresado: “El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal”.

El enemigo, exactamente así nos considera Hugo Chávez, así es como se expresa, insulta y amenaza, no es menos cierto, cuando igualmente en el mismo escrito, en una alusión de la biografía de Guevara realizada por Philippe Gavi, sale a relucir que “el Che se jactaba de que su país –se refería a Cuba– estaba dispuesto a "arriesgar todo en una guerra atómica de inconcebible destrucción para defender un principio".

No encontramos ninguna diferencia con la Venezuela actual. Si ese odio, esa ambición de pulverizarnos va contra sus opositores, también contra las instituciones, contra la forma capitalista, la prosperidad, la convivencia, los partidos, contra los medios de comunicación, de ahí por ejemplo, el inminente cierre en los próximos días de un canal de televisión, RCTV, de 53 años de tradición, sembrado en el corazón del venezolano. En fin, contra el Estado de Derecho.

De ahí su imposición del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), un partido único para su revolución negado el derecho a mantener su autonomía partidista a las personas de trayectoria por años en el Partido Comunista o de los llamados partidos de izquierda, que han acompañado su llamado proceso, y que incluso proclaman seguir apoyándolo, pues los ha defenestrado y ahora los considera de la oposición. Otros enemigos.

Por su parte, los militares de las fuerzas armadas, formados en democracia, que no se plieguen a esta consigna, serán dados de baja, es decir, pobre del que ose manifestar desacuerdo a su sentencia lapidaria. Que considere su carrera perdida y su nombre en la lista de los perseguidos.

El “Patria, socialismo o muerte”, es una amenaza tanto para nuestro país así como para la seguridad hemisférica. Más allá de una tesis económica-social, es una manera de ponderar la muerte, el castigo, la persecución, el de “si no estás conmigo”, tendrás el tiro en la nuca. De justificar el morir por un supuesto ideal, eso es lo que entendemos y hacia ello se orienta el pregonado “socialismo 21” de Hugo Chávez.

Creo que a los venezolanos con valores y convicciones por la democracia, las libertades, nos espera el aniquilamiento y con ello Venezuela, en un desgarre de inseguridad, pobreza, descomposición y retroceso, se hunde.





Martha Colmenares
marthaccolmenares@yahoo.com
Caracas, mayo 17 del año 2007