Paseando, en el metro, en el tren, en avión, en tiendas, en reuniones
familiares o con amigos... recupere esa conversación ajena escuchada sin
quererlo, o incluso deseándolo. Momentos robados. Hilarantes, surrealistas,
esperpénticos, curiosos. La vida misma.
Permítanme inaugurar esta sección con la anécdota de una virgen dequeísta que apareció en un pueblo de España. Un tipo, que aseguró llevar un mensaje de la virgen, juró que las palabras eran textuales. Empezaba así:
Ciertas partes de la anatomía humana tienen al parecer nombres difíciles de recordar. En una ocasión, dos amigas discutían entre sí muy acaloradamente sobre el nombre correcto de la parte inferior del pabellón auricular. Finalmente, una de ellas recurrió a mí intentando zanjar la discusión.
Me preguntó:
¿Verdad que esta parte de la oreja no se llama óvulo, como dice ella, sino nóbulo, como digo yo?
Yo (pálida, supongo), respondí:
Ni óvulo ni nóbulo, se llama lóbulo.
Ambas quedaron estupefactas. Me preguntaron si estaba segura, con lo que yo quedé más estupefacta aún, pues me di cuenta de que no era una broma. Me reafirmé en lo dicho y enmudecieron. Al cabo de un rato, cambiaron radicalmente de tema.
Vaya, acabo de recordar una cosa que me recordó una amiga ginecóloga. Recibía en su cosulta a un matrimonio por un asunto de fertilidad y les preguntó si alguna vez habían practicado algún método anticonceptivo. El marido carraspeó y contestó algo ruborizado, pero muy serio:
"Si, doctora, nosotros hemos practicado el corpore insepulto".
Eran los tiempos de la bitácora de LD. Cuando el querido cofrade Concon escribía en un garaje a la luz de un camping gas. Un día desapareció. Creo que alguién dijo que estaba baneado. Por hablar de temas ajenos a la bitácora. Como no había guachimanes de guardia, permaneció en las mazmorras todo un fin de semana. Hasta que el lunes apareció Multivac, creo, y se apiadó. Al parecer, Sheriff había perpetrado la fechoría.
Paseando por la carretera de entrada al pueblo de mi padre, a un motorista, que seguramente se dirigiría a su cortijo, se le cayó el casco al suelo. Para mi sorpresa, debajo del casco llevaba la boina.
Un hombre de avanzada edad entró en una ocasión al ambulatorio y preguntó por "el doctor gorrino". El celador se quedó atónito y no le preguntó a quién se refería. El hombre le contestó: "sí hombre, el de las orejas y la garganta". Entonces comprendió el celador...¡Ah, el otorrino!
Un amigo que tuvo un accidente de moto, después de rodar por el suelo unos 70 metros un conductor que pasaba por allí bajó de su coche, se sacó su chaqueta y viendo que mi amigo no se movía, cubrió su rostro con la chaqueta. En ese instante, mi amigo gritó -¡Eh, que no estoy muerto!-
Existen dos pueblos perdidos por los Montes de Toledo que se llaman Los Cortijos.
El de Arriba y el de Abajo.
Sobre los años sesenta era la época en que todavía, en aquella zona, existían 22 pueblos sin energía eléctrica (“sin luz” que decían los paisanos).
En una visita del Ministro de Agricultura a Ciudad Real y después de un patriótico discurso, un agricultor pidió la palabra.
Este hombre del pueblo consideró muy plausibles los temas escuchados y comentó al ministro que, dada la extensión de aquella zona de los Montes, debían ser radiados a toda su población agrícola y ganadera.
Y sugirió que, cuanto antes y para ello, se deberían electrificar cuanto antes aquellos 22 pueblos.
Para poder enchufar la radio.
Parece ser que todos los colegas allí presentes aventuraron un futuro muy oscuro para aquel agricultor debido a su atrevimiento en la propuesta.
Pero sucedió todo lo contrario.
En pocos años aquellos pueblos pudieron escuchar la radio, conectar electrodomésticos y ver el cine.
El cura de aquellos dos pueblos llamados los Cortijos, agradeció a aquel agricultor su gestión y le comentó que también variaría otra costumbre:
La de que nacían siempre más niños de parejas sin casar que de matrimonios legales.
Justificábalo argumentando que ello era debido a que, a las cinco de la tarde en invierno, ya era prácticamente de noche y, sin “luz”, los jóvenes no tenían “otra cosa” que hacer.
Ahora cambiarían las cosas, decía el cura.
Comentario: Evidentemente, en aquellos años, no estaba todavía la Matilde Fernández con el “Póntelo, pónselo” ni la "pastilla" del día después.
Pero, en cualquier caso, siguieron naciendo más niños de parejas de solteros que de casados.
Y es que “la jodienda no tiene enmienda”, que decía el filósofo.
Recuerdo una tertulia de política en la televisión en donde Enric Sopena soltó: "Nunca perdonaré a los EEUU que no entraran en España y echaran a Franco". Al instante le cortó Isabel San Sebastián: "¿Y sin embargo criticas que EEUU eche a Sadam Hussein?"
Pocas veces he visto a Enric Sopena, hábil en la demagogia y en la retórica, quedar completamente K.O. como en aquella ocasión. Mudito, se quedó mudito.