El Fuet Diferencial, de Vicente de Vicente Josep
Hace ya dos años que despedí por primera vez a mi amigo Josep con destino a Cuba. Al atravesar el control de policía, creí leer en sus labios un ¡patria o muerte, venceremos! que hasta se me pararon los pulsos. Fue tal el pellizco que me cogió, que le susurré desde la distancia: ánimo, compañero, y recuerda siempre lo que dijo Lenin: un paso atrás y dos adelante si es necesario.
Iba bien pertrechado para la ocasión, una gorrita de propaganda de una marca de refrescos conseguida con un trueque en un supermercado por veinte chapas del refresco, una camiseta de la empresa en donde agonizaba, con el lema “Todos juntos lograremos los objetivos”, unas bermudas floreadas de margaritas y claveles modelo mariconismo retro y sus inconfundibles espardeñas compradas en su tierra natal, Casademunt de Benabaix. El toque lo remataba con un burro catalán grabado en la camiseta como si fuese un Lacoste del Principat tras pasar por el tamiz del Centre de Normalització.
Nos acompañaba Julio, un amigo común con el que habíamos compartido muchos avatares en la época de la clandestinidad franquista.
- La verdad es que tendría que tener cárcel navegar con semejante terno -me dijo Julio entre risas y lágrimas- parece enteramente un Gremlin. Como lo vea llegar de esa guisa el Comandante en Jefe, lo mete en una balsa y lo remite a Miami. Él, que siempre había suspirado por el uniforme verde oliva, parece uno de los frikis de Gran Hermano.
- No seas cruel, va a la única patria del socialismo que resiste y allí no echan cuentas de la indumentaria, porque la moda forma parte de la decadencia burguesa. Eso sí, en lugar del Gremlin, podías haber tenido la delicadeza de decir Kremlin. Un brindis al sol por los viejos tiempos.
Josep llevaba un tiempo de relaciones con una mulata de Santiago y andaba el hombre trapicheando con los papeles para traérsela. Pobre camarada en manos de Eros, asaetado por Cupido en el malecón, había pasado de decir que el extranjero comenzaba tras la frontera del Ebro, para reivindicar sangre nueva para la Catalunya del futur “y si es de mulata, más alegría para mi cuerpo”.
Desgraciadamente, los trámites duraban más que el parto del Estatut, que más parecía un trapicheo entre calés en un mercadillo de barrio que una negociación política. En lugar de decir “yo pongo la fregoneta y tú le vendes los melocotones a las castellanas”, decían “ tú, Sabater (como seguramente lo llamaría en el salón de la Moncloa el republicano normalitzant el apellido de ZP, el inefable Pérez del que nunca sabremos si es un hermafrodita baturro-catalán ) tragas con lo de nación, nación de naciones, naciones del mundo mundial... y yo hago la vista gorda en el presupuesto” o, “Artur, te empujas el flequillo sobre tus ojos, tu partido vota el borrador del Estatut y nosotros nos tragamos el tres por ciento, eso sí, con un generoso chorrito de vaselina para mayor gloria de la Catalunya triunfal”, que decía floquet de neu ante la mirada de complicidad del descorbatado Bargalló, el banderin de enganche metro-sexual del nuevo régimen. |