Libre Albedrío Mariano Rajoy, o la Crónica del Rey Pasmado
Cuenta el magistral novelista Torrente Barrester en su Crónica del Rey Pasmado, que S.M Felipe IV el penúltimo monarca español de la dinastía de los Austrias, tras ver desnuda a la prostituta Marfisa, quedó tan fascinado por la belleza del cuerpo femenino que se empeñó a toda costa en ver desnuda a S.M. la Reina, su esposa. A pesar de ostentar el máximo poder del estado, no olvidemos que reinaba y gobernaba en una monarquía absolutista tradicional, las intrigas palaciegas tejidas a su alrededor obstaculizaban permanentemente su objetivo. Su valido, el Conde-Duque de Olivares, los confesores y otros cortesanos tejían una tupida red a su alrededor que impedían que el monarca ejerciera el que parecía ser su legítimo derecho.
Felipe IV no fue un mal Rey. Simplemente fue muy lento de reflejos. Cuando decidió hacerse personalmente con las riendas del poder y el Conde-Duque fue depuesto, al menos consiguió salvar los muebles. La monarquía estaba terriblemente tocada y la dinastía se agotaba, pero, entre otras cosas, había conseguido salvar Barcelona.
D. Mariano Rajoy Brey, Presidente del Partido Popular y actual líder de la Oposición, no es un mal político. Es inteligente, honrado, coherente, intelectualmente solvente y, sin duda, un patriota. Pero es muy lento de reflejos. Es como el Rey Pasmado. Está rodeado de una larga serie de asesores, burócratas, funcionarios, comunicadores, y demás “cortesanos” que le impide el acceso a la “desnudez de la reina”, a la “desnudez de España”.
Rajoy tiene demasiados validos, y sus validos tienen demasiado poder. Y, a pesar de que Rajoy es el “monarca” del Partido Popular, no reacciona, no toma las riendas con decisión. Rajoy se deja tomar el pelo y, en su figura, deja que les tomen el pelo a todos sus afiliados, simpatizantes y votantes.
Rajoy es un líder pasmado. No es capaz de franquear la barrera de sus validos y burócratas. El modelo de estado se desmorona. La Constitución está en peligro. El estado del bienestar y el modelo de vida occidental de los españoles hacen aguas, y la propia España se consume sin que él esté presente para hacerlo evidente, para dar un puñetazo en la mesa y decir “basta”. La Reina sigue vestida y los validos en su puesto.
Quizá Rajoy, como Felipe IV, en su momento, tome alguna decisión definitiva. Quizá quite de en medio a sus validos o se autoinmole, pero puede que también sea demasiado tarde. Quizá no se pierda Cataluña, pero será el principio de la enésima decadencia de España. |