El ciudadano liberal España herida, España enferma ¿España muerta?
Un país enfermo: una sociedad al borde de la banca rota moral (por mayoría cualificadísima de sus miembros) y un estamento político fuera de control. Se cachondean mis amigos izquierdistas (inteligentísimos para casi todo menos para la política) con lo que ellos denominan "el asunto de la mochila bomba". Se cachondean con la obsesión que tenemos en el facherío con lo de que "España se rompe". Se cachondean de que "prefiramos que a Endesa la compren los alemanes antes que las muy españolas Gas Natural y La Caixa". Resulta que en progrelandia se ha impuesto la idea de que 1)los discrepantes del incalificable Gobierno que padecemos somos todos merluzos sin criterio que repetimos como loritos lo que nos mandan en el PP y 2)que el PP se está suicidando al actuar como un partido de derecha extrema. Falso de todo punto. La sociedad española aún adicta a la idea liberal de la ciudadanía no vive de consignas; el PP no es un partido de extrema derecha, tiene una tendencia indisimulable a las componendas y, además, hay cosas que hay que hacerlas por obligación moral, aunque no se traduzca en beneficios electorales. Dudo mucho que el PP presente semejante grado de heroísmo. En el momento decisivo siempre elegirá la supervivencia sobre las moquetas, los cargos y los coches oficiales.
Y si no, me remito al alto el fuego permanente, la foto de la agonía, Rajoy en la telaraña. Un país enfermo: una sociedad cobarde, pusilánime y poco convencida de su superioridad moral sobre los criminales organizados con coartada política (mayoría cualificada, no unanimidad) y un estamento político fuera de control.
Medio país aplaudiendo con la orejas. ¿Análisis ? Ninguno, para qué ¿verdad? Sin embargo una parte sustancial de la ciudadanía se ha quedado boquiabierta y triste. Boquiabierta, triste y sin representación política. ¿Qué hace Rajoy corriendo hacia la telaraña para quedarse pegado a ella mientras las asesinas arañas políticas se toman con calma la elección del momento del golpe final?
Sin embargo, somos muchos los que no creemos que España se tenga que rendir ni ante ETA ni ante Ibarretxe, ni ante Carod ni ante Maragall. Es como si Estados Unidos se rindiera ante Haití. Tenemos la fuerza y tenemos la razón y aún así nos rendimos. Decadencia, siempre moral antes que física. Nuestros representante políticos están fuerea de control. No hay nada de que hablar con los criminales organizados ¿tan difícil es de entender? ¿Por qué no lo dice Rajoy y acaba con la tontería? ¿Quién nos va a representar?
Y puestos ¿quién nos representará en lo del 11-M? ¿Por qué Rajoy no dice un día sí y otro también que la investigación del 11-M no se puede asumir ni con la mejor intención, que la versión oficial de lo ocurrido aquel trágico día (y antes y después) es, sencillamente, una prueba en sí misma de que casi todo lo político huele a podrido en el Reino de España?
Y, puestos, ¿quién nos va a representar a los que creemos que el Estado debe recuperar ciertas competencias de las comunidades autónomas?¿Quién nos va a representar en las mil cosas que en España están fuera del control del sentido común como el gasto público o la propagación de ciertas ideas profundamente antidemocráticas que viven del salvoconducto que otorga la excusa religiosa?¿Quién nos va a representar fuera de la corrección política?
España está enferma y sólo tiene una cura: rebelión cívica. ¿Quién nos va a representar? Sólo nosotros. Ciudadanos de Cataluña es el ejemplo.
Eso o empezar a trabajar sobre la base de que todo ha cambiado para siempre jamás, que se han perdido partes significativas de nuestro territorio y que un partido traidor nos ha embadurnado en mierda a todos. La revolución liberal y española es la única salida que ahora mismo nos queda a los españoles. Mandar a su casa a estos que nos están volviendo locos a todos a fuerza de destruir lo que heredamos de nuestros padres y antes que ellos de montones de generaciones y que tenemíamos la obligación de preservar para nuestros hijos. Sólo nos queda la opción de tomar nosotros mismos las riendas de nuestro destino político.
Será la diferencia entre una nación enferma y una nación muerta.
No dejo de pensar en nuestros compatriotas tras las líneas enemigas. ¿Qué haremos con ellos? No podemos abandonarlos.
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