Esta mañana he leído un artículo sobre esta mítica carretera. Acto seguido he comenzado a recordar la famosa serie. Trataba de dos tipos embutidos en un coche descapotable que se desplazan en esta vía, en busca de aventuras. En su momento me sorprendía esta forma de vivir que descansaba en una constante: en dirección a ninguna parte.

Sin dejar escapar la idea, cogí un cuaderno al lado de mi cama. Era una bitácora clásica, de papel blanco, decidí ayudarme con un bolígrafo de color negro. Hacía unos minutos que el médico me había visitado, con el fin de explicarme mi próxima operación.

No se por qué razón asociaría rápidamente la ruta, la búsqueda de la felicidad y esta convencional trampa quirúrgica.

Pero, si me permite, nada es tan inseparable de nuestra fantasía que los mitos de América en nuestra soledad. En ambas proyectamos desde el regusto amargo de la ensalada con buena rucula hasta la fatiga diaria del trabajo. Es más, la rutina se impone demoledora ante nuestra conciencia. Nada es tan poco imaginativo como el día a día. Por ello un paisaje televisivo de los 70 nos lleva a abordar lo clásico.

¿Es limón? ¿Es menta?

Como en un quiebro defensivo, nos atrevemos a desplazarnos en dirección al pequeño territorio de amor construido alrededor de la pareja. Pero, si observamos más, cerca la línea de fuga que representa la carretera, está siempre al acecho. Y nos resistimos. Siendo un cumulo de compromisos y lazos de amor.


NAT KING COLE ROUTE 66

http://www.youtube.com/watch?v=dCYApJtsyd0


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