Tres asociaciones de escritores en catalán, gallego y vasco han escrito este fin de semana un contramanifiesto al que hicieron unos verdaderos intelectuales no orgánicos, como los de la “contra”, para reivindicar los derechos de los españoles a utilizar su lengua, el español. Ya que sería absurdo que los españoles reivindicáramos el derecho a utilizar el chino o el japonés, que se sobreentiende que el que quiere puede estudiarlos. Lo que sí es paradójico es que tengamos que exigir que se nos permita utilizar nuestra propia lengua, el español. ¿Se imaginan ustedes que los ingleses se tuvieran que asociar para reivindicar a los poderes públicos la protección a los hablantes del inglés? Todo el mundo diría que se habrían vuelto locos. Pues eso es lo que pasa en España. Y hete aquí que a algunos el demandar eso les parece un atentado a no sé qué derechos.
El texto del contramanifiesto es la mejor prueba para demostrar que lo que pedimos los firmantes del manifiesto es razonable. Estos escritores sabrán utilizar muy bien sus lenguas regionales, que no “propias” pues tan propio es el español en Cataluña, Galicia o Vascongadas como el catalán, vasco o gallego; pero el “castellano” no lo saben usar como herramienta de comunicación. Escriben francamente mal en castellano, y, desde luego, la ausencia de rigor conceptual es una cuestión permanente a lo largo del escrito. Lo que confirma que una cosa es dominar los registros coloquiales del idioma y otra los registros cultos. Y eso es precisamente una de las cosas que nos preocupa de la educación en las regiones donde se persigue al castellanohablante.
Me voy a referir a algunas frases del contramanifiesto, puesto que desmenuzar todo el texto daría para varios artículos.
Para empezar, empieza criticando el manifiesto a favor de la lengua común diciendo que es “homogenizador y centralista”. Cualquier alumno del primer ciclo de la ESO sabría que ambos adjetivos no pueden referirse a un texto literario, puesto que malamente la expresión de unas ideas puede ser homogeneizadora y centralista, lo cual es un mal uso patente del lenguaje. En todo caso homogeneizadoras y centralistas serían unas determinadas políticas. Un texto de un manifiesto per se no puede tener esos atributos, igual que una gallina no puede rebuznar.
Estos escritores se denominan como Asociaciones GALEUSCA, que como todo el mundo sabe –quizás todos no lo sepan- esta confluencia de fuerzas nacionalistas se configuró en la II República para combatir al Estado republicano, desde una perspectiva bastante poco democrática.
Veamos frases representativas:
“La realidad plurilingüe […] reproduce de una manera transparente una diversidad lingüística” ¿Acaso la realidad plurilingüe es un cristal?
Otra: “Su desnormalización (sic) [se refiere al gallego, catalán y vasco] […] no se produjo de manera ‘natural’ sino por invasión de la lengua que fue decretada como oficial del estado, sin ninguna consulta ni acuerdo previos” Para empezar las lenguas no se normalizan ni desnormalizan, evolucionan, algunas desaparecen y otras se transforman, por evolución natural y decisión de los hablantes. Pero lo más cómico y cínico es el afirmar que el castellano fue un “invasor” por decreto de no sabemos qué poderes –se supone que por Franco- cuando todos los historiadores de la lengua castellana dan por hecho que la extensión de la lengua es un fenómeno meramente utilitario, no forzado, aunque sí forjado a lo largo de la Historia, desde la formación del Estado desde el siglo XV, y que toda lucha entre idiomas ha sido un invento artificial de quienes se empeñan en insistir en la guerra de las lenguas.
En otro párrafo afirman que el gallego, euskera y catalán son “instrumentos de comunicación igualmente ‘democrática’”. Desconocía yo que los instrumentos de comunicación se pueden clasificar entre los que son “democráticos” y los que no lo son. Yo creía que democráticas son las personas por sus actitudes, o los gobiernos, o los regímenes políticos. Ahora entran en esa clasificación las lenguas. No sólo se atribuyen a las lenguas derechos que corresponden a las personas sino que ahora, en un estiramiento del significante para ampliar su significado se atribuye ese rasgo a las lenguas. ¡Bravo! Hay que reconocer la capacidad para modificar el significado denotativo de las palabras.
O… “[…] la lengua propia está reconocida en todas las legislaciones democráticas del mundo” Falso de toda falsedad, entre otras cosas porque las lenguas son propiedad de los hablantes no de los territorios.
Por otra parte asemeja el contenido del manifiesto por la lengua común a las tesis de la etapa franquista, y eso además de un absurdo es una falsedad, que por pura obviedad no merece comentario. Yo diría que en sentido contrario es la actitud de éstos la que rememora a tiempos de Franco pues reproduce un modelo, cual es el autoritarismo lingüístico, el recorte de libertades, y aquello que se llamó “escuela nacional” que tiene un reflejo mimético con ciertos prototipos auspiciados por los nacionalistas.
Otra expresión cuyo contenido semántico es incomprensible es… “[…] ya que el aprendizaje plurilingüe estimula la expresividad y el conocimiento de las personas”. Increíble. Ahora resulta que para conocer a las personas y para ser “expresivo” hay que saber muchos idiomas. Con el materno sólo no basta para ser simpático. Esto me recuerda a aquel eslogan de una campaña a favor del euskera que decía que para ser buenas personas hay que saber euskera.
Por no extenderme demasiado, cerraré esta breve disección con el párrafo final con el que culminan el panegírico: “[…]lamentamos que, en lugar de preocuparse por la salud del español en Puerto Rico, Costa Rica o los Estados Unidos, se dediquen a combatir al más próximo y asimétricamente discriminado”.
Aparte de que el manifiesto no tiene ningún contenido agresivo ni opuesto al plurilingüismo o a la diversidad idiomática que enriquece el patrimonio cultural español, y por tanto esa afirmación es demagógica y malintencionada, es sintomática la obsesión de los autores de la diatriba por el uso del término “asimétrico”, entre otras cosas porque el uso de las lenguas no puede ser ni simétrico ni asimétrico. Las lenguas no tienen simetría, tienen hablantes libres que las usan o no. O mejor dicho, debieran de tener hablantes que libremente usen las lenguas que les plazca. Y si alguna lengua desaparece no pasa nada, pues lo que importa es la felicidad de las gentes no la de las lenguas que no son sujeto de sentimientos anímicos.


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