Se va, casi imaginando un viaje en salmuera, o en una lata de atún o un caviar antiguo, no sin un breve sello para situarle al borde de la leyenda.

Ella fue quien me acompañaría en momentos cruciales. Como Vd. Recuerda, o tal vez no, pues es de una camada posterior al ricino franquista agotado. Casi hace una pila de años, con las primeras manifestaciones de la huelga de la construcción del 75, cuando los neo hippies, como el que suscribe, arremetimos con ladrillos contra los escaparates, mientras el Dictador dormía la cama-gota. Nada importante al lado de los izquierdistas, a quien molían a palos los adictos al régimen. Pero ella también estaría presente en las noches de ebrio andar en Zeleste, en Barcelona. O el 23 F, en que los dos nos refugiamos en una cabina telefónica, para llamar a la gente que presumía de estar informada. Pero nada que ver con la famosa noche en que ganaría Felipe González, apareciendo para decirnos por última vez: “Ahora es el momento del cambio del cambio.” Y nos la creímos –ella y yo-, para luego irnos en desbandada hacia la derecha post-gaullista de Aznar.

Fueron años nuevos, de manto, orégano y un país que trabajaba por un objetivo común. Hasta que la mayoría absoluta y la voluntad de poder torcieron el paso reformista de este liderazgo. Yendo el poder hacia el camino de la repetición o la dureza en los términos.

Y llegó el 11 M, gran fractura, por cierto. Se encaramó al poder el mágico Zapatero, de modales suaves, voluntad ideológica, pero cruel y disciplinado Radcon. Y mi amiga tuvo que soportar la “ampliación de los derechos individuales” o la política social. Y ver que no hay camas para los abuelos, ni dinero, o que las becas de la Universidad, por citar un ejemplo, ¡solo hay una!, en Administración y Dirección de Empresas, para ir a Madrid. O constatar que el 60% de los niños de Barcelona –reino de un alcalde socialista desde hace 30 años- no tienen plaza publica, o…

Para que insistir, Vd., ella y yo sabemos la luz de bengala y el frenesí del actual gobierno.

Pero este viernes, entre los fastos del Régimen, de sus medias verdades, de su déficit fiscal próximo, ella me ha reconfortado con la ultima intuición: ¡Habrá elecciones anticipadas!

Será mañana, en la cita, cuando le despediré. Mi vesícula se apartará y caminará sola entre la multitud analfabeta y triste de este gobierno socialista perfecto y barriobajero que nos dice: “si los españoles hemos gastado un 2% menos de gasolina, eso quiere decir que el país es mas rico.”