La columna de Vidal-Quadras El método deliberativo
Ante el cúmulo de disparates que José Luis Rodríguez Zapatero está cometiendo desde que llegó a la Presidencia del Gobierno, entre los que destacan la oferta de diálogo a ETA cuando la banda estaba en situación de extrema debilidad y lo que procedía era intensificar la acción policial y judicial; la anulación del Pacto Antiterrorista con el consiguiente envalentonamiento de Batasuna y el recrudecimiento de la kale borroka; la pasividad ante el regreso de los terroristas al Parlamento vasco proporcionándoles así de nuevo financiación pública, influencia política y prestigio social; la suspensión de la aplicación de la Ley de Calidad de la Educación y su sustitución por otra norma que resucita los errores de la LOGSE sometiendo al mundo de la enseñanza a la confusión, la tensión y la pérdida de rendimiento; la admisión a trámite del Plan Ibarretxe sentando un precedente peligroso al aceptar como reforma estatutaria lo que era una revisión constitucional radical, y la pretensión de que el nuevo Estatuto de Cataluña puede ser enmendado para limpiarlo de inconstitucionalidades cuando es anticonstitucional en sus mismos fundamentos, mucha gente ha puesto en duda la capacidad del jefe del Ejecutivo, que ha sido calificado de incompetente, indigente intelectual, irresponsable, frívolo, superficial, inconsciente, insolvente y otras expresiones similares.
Sin embargo, y por desgracia, el Presidente es algo peor que todo eso. Para que se tenga una idea clara de la gravedad de la amenaza que representa para la estabilidad, la prosperidad y la cohesión de nuestro país, basta leer el prólogo que escribió para el libro de Jordi Sevilla "De nuevo socialismo".
En dicho texto, que lleva la firma de José Luis Rodríguez Zapatero, figura el siguiente párrafo estremecedor:
"Ideología significa idea lógica y en política no hay ideas lógicas, hay ideas sujetas a debate que se aceptan en un proceso deliberativo, pero nunca por la evidencia de una deducción lógica"
Veamos lo que nos dice su autor con este planteamiento:
si en política no sirve la lógica, es decir, si en el dominio de la organización de la convivencia no resultan válidos ni el método inductivo ni el método deductivo, sino tan sólo la discusión sobre diferentes opciones sin hilo conductor alguno que oriente las premisas y los objetivos, entonces todo es posible y aceptable, dado que carecemos de principios, de valores y de argumentos racionales que nos guíen en la resolución de los problemas.
El actual inquilino de La Moncloa nos revela que la base metodológica de sus decisiones es la epistemología de la tertulia y que el fundamento ético de su gestión es la moral del brain storming, o sea, nos sentamos a la mesa y hablamos a ver lo que sale.
Tras haber superado la conmoción que a cualquier espíritu sensato le produce semejante desatino, la trayectoria permanentemente equivocada y contraria al sentido común de Zapatero adquiere una clave interpretativa, la que se deriva de una teorización del pensamiento vacío.
El Presidente, según nos confiesa con su apología del método deliberativo, no tiene un plan, ni un horizonte, ni unos referentes axiológicos, únicamente está poseído de un infatigable afán de charlar. Por supuesto, desde esta perspectiva, que ha superado el pensamiento débil entronizando la ausencia de pensamiento, tanto da quién sea el interlocutor, no importan sus puntos de partida ni sus pretensiones, tampoco resultan relevantes las consecuencias de los acuerdos alcanzados.
En el mundo zapateril, dónde la lógica es superflua y la dialéctica del azar nos puede llevar a un destino desconocido, hemos de estar preparados para el desastre o para el éxito. No se trata de convencer ni de vencer, basta con escuchar y complacer.
La marcada inflexión experimentada últimamente por la intención de voto demuestra que la gente se empieza a dar cuenta de en qué manos estamos. Es de esperar que en el PSOE se decidan pronto a cambiar de caballo antes de que el descubridor del método deliberativo acabe con España y con su propio partido.
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