Recuerdo aquel viejo chiste del noble londinense que sentado en la butaca de su biblioteca, fumándose una pipa, recibía la visita de su mayordomo que le decía -"señor, el Thamesis está creciendo" -, a lo que el lord británico respondía flemáticamente - "Bien, puedes retirarte, James"-; pasado un rato regresaba para decirle - "señor, el Thamesis se ha desbordado" -, recibiendo la misma contestación; transcurrida una hora, el mayordomo, visíblemente molesto, abre impetuosamente las puertas de la biblioteca al tiempo que una oleada de agua cenagosa invade la estancia, mientras James exclama triunfante - "señor, el Thamesis" -. Échenle imaginación y piensen en ZP sentado en su butaca, mientras Solbes entra para anunciarle la llegada de la crisis.
Es verdad que lo que para el conjunto de la ciudadanía española es una catástrofe, con el euribor por las nubes, la inflación desbocada y las gasolineras que se van pareciendo progresivamente a joyerías de postín, deviene maná llovido del cielo para los apologetas del milenarismo de raigambre aznariana. Rajoy y sus adláteres, Aguirre y sus correligionarios, y Zaplana que va por libre, se alimentan de la desgracia ajena para cimentar sus expectativas de triunfo en la creencia de que todo aquello que desgaste al gobierno socialista ha de ser forzosamente bueno, así sea un armagedón definitivo o un leve temblorcillo. También es verdad, por otra parte, que el margen de acción que tiene el gobierno de España, y por extensión todos los gobiernos de las democracias occidentales de Europa, es escaso y no permite la coyuntura internacional que los ejecutivos europeos se den muchas alegrías. Y también es cierto, o por lo menos lo parece, que el gobierno de ZP está dando una imagen de cierta inacción, agravada por la inesperada aceleración de los síntomas de la incipiente crisis, o recesión económica. Pero en todo caso, lo indiscutiblemente cierto es que la crisis económica ha llegado y piensa quedarse un tiempo entre nosotros.
El Gobierno del PSOE tiene en frente la obligación de afrontar esta crisis, con el estrecho margen de acción de que dispone y con los escasos medios a su alcance. Por ahora la medida de los 400 € ha sido una primera aproximación relativamente beneficiosa para el conjunto de la ciudadanía porque, pese a las voces críticas, se ha configurado como una medida progresista aunque ha liquidado el famoso superávit del Estado. También el Gobierno socialista ha eliminado el impuesto sobre el patrimonio y ha elaborado una reforma de la Ley de Enjuiciamiento Civil y de la Ley de Arrendamientos Urbanos, que pretende dinamizar el mercado de la vivienda de alquiler en España. Asimismo, Zapatero ha dicho que entre 2009 y 2010 se ampliarán las líneas de financiación para las pymes y se acelerarán las devoluciones del IVA para las empresas. También nos ha informado de que la situación económica de partida permite soportar el esfuerzo de la recuperación con cierta solvencia. Y lo más importante, ha comprometido la acción de gobierno en el mantenimiento del gasto social, que es como mentarle la bicha o la madre a la derecha. El PP ha hecho presa en el cuello del Presidente y no aflojará las mandíbulas fácilmente. El gasto público es sinónimo de intervencionismo estatal y esto, a su vez, es como una herejía cometida dolosamente por los pérfidos rojos "pierdepatrias" en el sacrosanto altar del neoliberalismo rampante.
No pierdan de vista esta aseveración que les hago - no es que yo sea un sesudo analista económico sino un trabajador con sentido común, que es diferente - y que no es otra que la perogrullada de que "hay dos formas antagónicas de hacer las cosas". Una - el brikindans - la de la derecha neoliberal, basada en el recorte de la función redistribuidora de la riqueza del Estado, el desmantelamiento del modelo del estado del bienestar y el acrecentamiento de las desigualdades sociales; otra, la de la izquierda, basada en el reforzamiento del modelo del estado del bienestar, en el que la función redistribuidora del Estado se fundamenta en su carácter intervencionista en el mercado y que requiere de un sostenimiento del gasto social (pensiones, protección contra el desempleo, gasto sanitario, gasto educativo, inversión y desarrollo, becas...) Ustedes eligen qué quieren, que para eso son el pueblo soberano, pero como dicen en mi pueblo "para poder elegir hay que conocer". Conozcan, pues.

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