De vez en cuando se producen comportamientos que son síntoma de algún tipo de mal, daño o malformación en el proceder y que, por si esto no fuera, ya, suficiente, obligan o pretenden obligar a muchos millones de personas con lo que se agranda, agiganta y crece el tal comportamiento hasta límites inimaginables para una mente mínimamente formada.
A veces se manifiesta una extraña animadversión por la dignidad de la persona que consiste en equipararla con todo tipo de animal irracional para, así, tratar de hacer iguales a los que no pueden serlo de ninguna de las maneras.
Otras veces se busca que algún ser vivo de la tierra, con el que, al parecer, tenemos una igualdad genética muy grande, pueda parecerse, además, en derechos, a la persona humana.
Cuando se hace esto se está mostrando, en primer lugar, un pensamiento ciertamente relativista (todo es igual para que nada valga) y, en segundo lugar, un afán por presentarse como “progre” ante el mundo.
Y eso, exactamente eso, es lo que ha pasado con una iniciativa (a esta hora muy comentada y zaherida) que la Comisión de Medio Ambiente, Agricultura y Pesca del Congreso de los Diputados ha sacado adelante, presentada por IU-ICV y que consiste, esencialmente, en instar al Gobierno a que declare “en el plazo máximo de 4 meses, su adhesión al Proyecto Gran Simio, así como su impulso en el resto de países de la Unión Europea”.
Y es que, además, la ideica, no desprovista de idiocia, quiere ser transplantada al resto de Europa.
Pues bien, cuando se dice aquí que lo que se hace es, sobre todo, insultar a la dignidad humana, no se dice por decir sino que, en realidad, tiene, esto, un fundamento claro.
Vamos a verlo.
Si hay algo que determine, sobre todo, un elenco de derechos que tenemos los seres humanos, es la denominada Declaración Universal de los Derechos Humanos, de 1948, surgida en el seno de las Naciones Unidas. Todo el mundo sabe esto y no es ningún secreto decir que, aunque en muchas ocasiones no se haga el más mínimo caso a lo que allí se contiene, sí se trata de una normativa que, siendo de carácter internacional, tendría que ser de obligado cumplimiento, al menos, para las naciones que forman parte de la ONU.
Ahora podemos comparar el contenido de algunos artículos de la citada Declaración Universal y lo propuesto por el grupillo de iluminados del Congreso de los Diputados (alguno de los cuales tienen gran parecido con los Grandes Simios que tratan de proteger)
Así, los partidarios de la asimilación entre seres humanos y simios dicen lo siguiente:
“Proposición no de Ley
"El Congreso de los Diputados insta al Gobierno a:
….
3. Impulsar y emprender las acciones necesarias en los foros y organismos internacionales que procedan para la protección de los grandes simios del maltrato, la esclavitud, la tortura, la muerte y extinción."
Por tanto lo que, esencialmente, se demanda, es que se proteja la vida de tales animales irracionales. Y esto, en sí mismo, no está mal sino que, al contrario, es benéfico y bueno.
Pero por su parte, la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice lo siguiente:
Artículo 3
Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.
Artículo 4
Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas.
Artículo 5
Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”
Por tanto, a pesar de que se haya dicho por parte de los instigadores de tan aberrante legislación (y es aberrante porque es desviada en su objeto y sujetos) que no se quiere hacer, por así decirlo, “iguales” a personas y a los grandes simios, la verdad (por muy dura que pueda parecer) es que es, exactamente, lo que se quiere hacer.
Por ejemplo, el diputado socialista don Emilio Amuedo ha declarado que “Se trata de conservar a una especie y hacer todo lo posible por conservarla, y para nada se habla de asemejar derechos de grandes simios con humanos”
Sin embargo, de la simple lectura de la propuesta y de la Declaración de 1948 sólo puede obtenerse tal conclusión porque el contenido de una y otra es el mismo aunque se diga de formas distintas.
Y esto es, como poco, un dislate, un despropósito y algo que, más que nada, obliga a hacer ver lo que, en verdad, se quiere hacer con tal iniciativa que, si Dios no lo remedia, saldrá adelante porque el mismo PSOE ya dado su visto bueno en tal Comisión.
Y es que, a veces, algunos, desprecian la dignidad que les es propia porque, en realidad, aún no han bajado del árbol ideológico que les sostiene.
Además dejan escrito (para la posteridad y para que no se nos olvide quien lo dice) en la Exposición de Motivos de la proposición no de Ley que “Ampliar los límites de nuestra comunidad moral es uno de los objetivos básicos de la ética ecológica”
Porque, en muchas ocasiones, se equipara la moral y la ecología porque aún se permanece en la selva de la que no se quiere salir y el sueño de volver a tal espacio físico y espiritual es algo a lo que no pueden renunciar porque, en realidad, es la esencia que los conforma.


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