MUJERES DEL SIGLO XXI Presidente, una noticia buena y otra mala
“Moraleda irrumpe en el despacho de ZP con esta frase:
-Sr. presidente, tengo una noticia buena y otra mala.
El Presidente, perplejo, le dice:
-Dime primero la buena.
Moraleda responde:
-El sí encabeza las encuestas.
Y ZP le dice:
-Muy bien. Dime ahora la mala.
Moraleda responde:
-Ya nadie cree en las encuestas.”
Esto no es lo que parece ocurrir con los resultados de la II Encuesta Social Europea (ESE) financiada por la Comisión Europea y la Fundación Europea de la Ciencia, que se acaban de hacerse públicos hace tan sólo unos días.
Esta encuesta, que se realiza cada dos años en 25 países europeos, es considerada la fotografía que plasma las “actitudes, comportamientos y valores imperantes en el Viejo Continente”. Los sondeos idénticos y realizados en las mismas fechas (septiembre de 2004-febrero de 2005) sirven para comparar datos y, contrastar las luces y las sombras de los ciudadanos europeos.
No quiero aburriros con un análisis exhaustivo de la encuesta, pero me parece necesario destacar el “pasotismo político” de los españoles, su escepticismo y desconfianza ante instituciones como el Parlamento o el Consejo del Poder Judicial. Este recelo y desconfianza de los ciudadanos por la política y los políticos hace que sólo superemos el 39% de Portugal y el 31% de Grecia, quedándonos en un 28% en desinterés por estas cuestiones.
Pero lo alarmante de la encuesta no es esto, sino la “necesidad pancartera” que siente el ciudadano de a pie.
Defender unos principios presumiblemente vulnerados por las instituciones o manifestarse en contra de algún proyecto de la administración inapropiado para los intereses de un grupo de la sociedad hace que, en estos dos años, hayamos pasado del 18% al 34% de españoles que han elegido la calle como lugar de protesta.
Ya nos hemos acostumbrado a ver a miles y miles de ciudadanos abarrotando las calles de pueblos y ciudades a favor o en contra de la Ley del Matrimonio Homosexual, exigiendo respuestas sobre el 11-M o una vivienda digna, en contra de la LOE, o para apoyar a las víctimas del terrorismo y contra la negociación con la ETA, como la celebrada el pasado sábado. Estos ejemplos muestran la necesidad de protesta de una sociedad que se siente cada día más indefensa. Ya lo dice bien Fernando Vallespín, presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS): “Los españoles no son activos en participación política, sino reactivos, sólo reaccionan cuando algo perjudica sus intereses.”
Ahora bien, hay algo que debería alertar a nuestros líderes políticos, y es la escasa confianza de los ciudadanos en los políticos y en el sistema judicial, valorados, únicamente, con notas de 3,7 y 4,7, respectivamente. Para la inmensa mayoría de ciudadanos, sus discursos son sólo palabrería barata, demagogia basada en el interés personal, político y económico de unos pocos y, por supuesto, que no responden a los problemas y necesidades del ciudadano. ¿Cómo vamos a tener confianza a nuestros políticos si “cuando dicen “sí” quieren decir “quizá”; cuando dicen “quizá”, quieren decir “no” y, cuando dicen “no”, entones no es un político” como sugiere otro de los chistes populares?
Por eso no es de extrañar que sean las asociaciones y organizaciones cívicas las que muevan a los ciudadanos españoles a la participación y convoquen a la protesta. Los datos no engañan, como es el caso de la aportación de firmas para diferentes iniciativas (24,7%), o los que colaboran con asociaciones (17,7%). Esto mantiene a nuestro país -España- en un puesto privilegiado, por detrás de los países nórdicos, los auténticos campeones europeos en colaboración ciudadana.
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