Me ha llegado, como a otros muchos amigos, un mensaje de Iñaki Arteta Orbea pidiendo ayuda. La verdad sea dicha, esa petición de ayuda no es para Iñaki Arteta, ni para su productora cinematográfica, es para todos los vascos que estamos afectados por la falta de libertad. No es para los vascos que son esclavos sin saberlo, o que, como los ciudadanos del Ingsoc de la novela de Orwell, creen que son libres sin serlo realmente porque tienen el estrato mental de su consciencia desensibilizado y no captan los síntomas de su alineación como personas. No. Es para aquellos que creemos que la dignidad de la persona está en su capacidad para decidir su cosmovisión vital, su encuadre de valores, su trascendencia como persona con una misión por su dimensión humana.

Iñaki Arteta es una de esas personas que pudiendo vivir muy bien en su calidad de buen cineasta, lucrándose de los favores del poder y de la subvención fácil, ha decidido ir por el camino más difícil, el de la denuncia, el de la revelación de la verdad, el de la renuncia a la hipocresía.  Lleva varios lustros haciendo películas en las que se transmiten valores de solidaridad y de testimonio, en las que se transmite el drama humano. Aquel drama de quienes son perseguidos en el País Vasco, han sido asesinados por ETA, se han tenido que ir de su tierra por defender la libertad y la ley, o simplemente han sido dañadas en su dignidad como personas por no comulgar con las ruedas de molino del nacionalismo. Por eso es un héroe más.

Pero las distribuidoras de cine sólo buscan lucrativos márgenes de beneficio con la industria de la imagen. No quieren películas que zarandeen las conciencias, en definitiva, películas que dan pocos ingresos de taquilla. No adoptan un compromiso moral. Por eso, películas como “El infierno vasco” de Arteta, se quedan en el baúl de los olvidos de las distribuidoras. Y por ello Iñaki Arteta nos pide que le ayudemos, que nos ayudemos, a poner en pantalla en las principales ciudades españolas esa película.

Yo pienso que los ciudadanos españoles que tengamos aún un rescoldo de humanidad y de sensibilidad con los damnificados vascos que se han tenido que ir de Vascongadas o que han sido de una forma u otra represaliados deberíamos poner nuestro granito de arena. Y si hay que abrir una cuenta para sufragar los déficit económicos de taquilla, en el caso de que los haya, lo hagamos, y, si no, que se quede el buen Iñaki con el remanente para que siga haciendo películas de denuncia que rezuman humanidad y compromiso, ya que las instituciones sólo sufragan a quienes hacen la ola a los partidos y a sus intereses.