El País, la Biblia española de lo políticamente correcto que nos acusa a todos del calentamiento global, empieza a dudar de esa idea y su divulgador científico, Javier Sampedro, dice ahora que Europa podría ir hacia una era glacial y no achicharrarse, como venía anunciado.
La causa: un cambio de temperatura y densidad de las corrientes marinas del Golfo de México, que regulan el clima del continente.
La descongelación del Ártico podría alterar el actual equilibrio termohalino –termo, temperatura, halino, sal-- por el que las aguas frías del fondo y, en sentido contrario, las cálidas en la superficie, regulan nuestro clima.
Simultáneamente, como descubrió el buque científico español Hespérides, en la Antártida nunca hubo tanto hielo como este invierno…, ni tantos pingüinos. Si hubiera calentamiento global tendrían que derretirse hielo y pingüinos.
Lo que no cuenta El País es que la posible alteración de corrientes marinas podría deberse a oscilaciones cíclicas del planeta en su órbita alrededor del sol, siguiendo el ciclo Croll-Milankovitch.
Nuestro mundo es como un beodo bamboleándose alrededor del sol: en el medievo la hoy helada Groenlandia era Green-Land, País-Verde, y las revoluciones de mediados del XVII se debieron a las oscilaciones del bailarín que hizo escasear la comida con exceso de lluvias y sequías.
Las conjeturas climáticas de la ONU y de Al Gore nos acusan de pecados nefandos contra el planeta y nos castigaban al infierno; pero están saliendo del armario otras hipótesis que las contradicen.
Una afirma que la mayor máquina contaminante del planeta es tan potente que no puede mirarse directamente: el sol, estrella perenne.
El astro calienta lo que toca. Y los temblores del planeta borrachín hacen que áreas que abandonan lo soleado se vuelvan frías, y viceversa.
Conclusión: Al Gore, quizás, sólo es una estrella fugaz.
La causa: un cambio de temperatura y densidad de las corrientes marinas del Golfo de México, que regulan el clima del continente.
La descongelación del Ártico podría alterar el actual equilibrio termohalino –termo, temperatura, halino, sal-- por el que las aguas frías del fondo y, en sentido contrario, las cálidas en la superficie, regulan nuestro clima.
Simultáneamente, como descubrió el buque científico español Hespérides, en la Antártida nunca hubo tanto hielo como este invierno…, ni tantos pingüinos. Si hubiera calentamiento global tendrían que derretirse hielo y pingüinos.
Lo que no cuenta El País es que la posible alteración de corrientes marinas podría deberse a oscilaciones cíclicas del planeta en su órbita alrededor del sol, siguiendo el ciclo Croll-Milankovitch.
Nuestro mundo es como un beodo bamboleándose alrededor del sol: en el medievo la hoy helada Groenlandia era Green-Land, País-Verde, y las revoluciones de mediados del XVII se debieron a las oscilaciones del bailarín que hizo escasear la comida con exceso de lluvias y sequías.
Las conjeturas climáticas de la ONU y de Al Gore nos acusan de pecados nefandos contra el planeta y nos castigaban al infierno; pero están saliendo del armario otras hipótesis que las contradicen.
Una afirma que la mayor máquina contaminante del planeta es tan potente que no puede mirarse directamente: el sol, estrella perenne.
El astro calienta lo que toca. Y los temblores del planeta borrachín hacen que áreas que abandonan lo soleado se vuelvan frías, y viceversa.
Conclusión: Al Gore, quizás, sólo es una estrella fugaz.

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