Hoy es otro día de esos en los que los ciudadanos cedemos otro paso ante los poderosos. Lo triste es que incluso supuestos liberales han dicho en Red Liberal algo así como “es que Federico Jiménez Losantos se excedió”.

A ver si nos enteramos, mentecatos: en un país libre, deberíamos tener derecho a decir lo que nos diera la gana de cualquier político. Incluso si fuera mentira. Incluso si fuera una calumnia. Incluso si se expresara en forma de insulto. El poder del Estado sobre nosotros los ciudadanos es tal que cualquier factor de contrapeso siempre será insuficiente.

A Gallardón le hemos dejado el poder sobre cientos de hombres armados, tiene el poder de entrar en nuestras cuentas bancarias para quitarnos dinero de ellas, y tiene el poder hasta de imponernos cómo y dónde podemos construir o reformar nuestra casa. Y ese tipo, con ese inmenso poder, hoy ha conseguido además limitar hasta dónde podemos llegar en nuestras críticas a su discurso político.

Critiqué la censura a la caricatura de la revista “El Jueves” , aunque no haya comprado la revista en mi vida ni comparta sus planteamientos. Porque se trata de ellos o nosotros. Se trata de si podemos admitir límites en nuestra crítica al Gobernador.

En el momento en el que admitimos que un político pueda impedir por la vía penal que un periodista le critique como mejor le parezca, nos hemos cargado la libertad de expresión. La juez, para justificar lo injustificable, afirma que la Constitución no ampara la “libertad de insulto”. Yo no lo sé, porque no soy jurista. Sí sé que otro juez ha admitido que está amparada la libertad de insulto de Rubianes, por ejemplo. Y sé que nada malo les pasa a los que insultan a los políticos dederechas llamándoles franquistas, o a los que acusaron a Zaplana de corrupto, o al hermano del ministro que escribió que a Alcaraz le había tocado la lotería cuando asesinaron a sus familiares.

Y es que, no se engañe nadie, la sentencia de hoy sentará precedente para evitar que los periodistas insulten. Seguirán insultando impunemente los que ataquen a la derecha, a los católicos, a las víctimas del terrorismo. La sentencia de hoy solo sirve de precedente para los que “se excedan” en sus críticas al poder.