Irlanda, o mejor dicho sus ciudadanos de forma democrática y libre, ha rechazado el Tratado de Lisboa.

Hace cuatro años Francia y Holanda, también libre y democráticamente, rechazaron el Tratado de Constitución europea. Los ciudadanos franceses y holandeses, mejor formados e informados que los españoles, consideraron que el Tratado no era un proceso constituyente, sino un acuerdo desde la oligarquía euroburocrática, formada por una élite masónica con poca vocación democrática. Desde ese episodio que hirió de muerte un proceso constituyente que tenía muy poca intención de crear la Europa de los ciudadanos, esa élite ha decidido hurtar a los nacionales de los respectivos estados el preceptivo referéndum para refrendar ese Tratado presuntamente constituyente que sustituye al anterior. Es decir, nos tratan de meter con calzador un sucedáneo de Constitución hecho de forma absolutamente despótica. La democracia en Europa está cayendo por los intrincados vericuetos de la tecnocracia dirigente, asestando un duro golpe a las soberanías nacionales. Nos están diciendo que si no queremos taza tendremos taza y media.

Cada vez hay más gente euroescéptica. Y lo saben. Por eso intentan soslayar cualquier posibilidad de consulta a los ciudadanos. No quieren arriesgar. Pero hete aquí que se les ha colado Irlanda. Y han dejado al descubierto las fallas de un proceso que nació mal desde el principio.

España ha ido recibiendo una serie de fondos europeos que le han venido muy bien para parchear. Pero ello ha creado un engaño que ahora estamos pagando caro. España no tiene estructura económica. La deshicieron con los pactos de integración. Destrozaron el sector primario. Desmantelaron el sector industrial. Sometieron a amplios sectores, como el de la leche, el agrícola, el de la siderurgia, etc al espejismo de las subvenciones que es pan para hoy y hambre para mañana. Tiraron los precios hasta lograr que los gastos superen a los ingresos en amplios sectores del sector primario ahogando la economía de los pequeños agricultores y ganaderos, o el de la pesca. Nos trajeron un euro que, en la práctica, ha supuesto un incremento del IPC en términos reales del cien por ciento. Y ahora que tenemos a los países del Este europeo integrados nos encontramos que los que reciben las ayudas europeas que España ha perdido son los que acogen el fenómeno de la deslocalización industrial desde este país desnacionalizado que habitamos los que éramos españoles. ¿Y esa España disminuida y reducida en su autoestima, salvo en el fútbol, en qué se va a quedar? ¿En el recogepelotas de los campos de golf y de la playa con sol de Europa?

Esa realidad que ya abruma a los españoles al tiempo que vemos cómo los índices de la educación bajan a cotas impensables mientras que se adoctrina a nuestros jóvenes y se les roba la posibilidad de que aprendan en la lengua de su País, España, es la que han maquillado. Por eso no quieren que seamos consultados, pues es posible que esta Unión de los grandes intereses oligárquicos en una Europa que no tiene nada que ver con los intereses de los ciudadanos, se les venga abajo, y que una nueva realidad se abra contra los afanes ocultos de control por los grandes capitales, que son los que pululan en la estructuración de un espacio cada vez más alejado del bien común y más acorde con las ambiciones particulares de unos pocos que nos gobiernan en la sombra aplastando nuestra capacidad de decisión.