La Historia recordará de Rodríguez Z y sus ministras su enorme capacidad de innovación de la lengua española, a la que están dotando de expresiones que sólo con pronunciarse construyen un mundo mejor.
Es taumaturgia: cambio de la realidad. Ábrete, Sésamo, y aparecía la cueva de los tesoros de Alí Babá. O la palabra única que desvela secretos y entrega todas las riquezas: Abracadabra.
El último invento es la palabra miembra, supuesto femenino de miembro, creada por la ministra de Igualdad, Bibiana Aído.
Al decir miembras ella cree que equilibra el papel de los hombres, reduciéndolo, y aumenta el de las mujeres.
Presentó su innovación dirigiéndose en el Parlamento a sus señorías, los diputados, que si son hombres deberían exigir ser llamados sus señoríos: tiene mayor prosopopeya el machista señorío que señoría.
Otra novedad de Z: impuso en 2005 una Ley de Defensa Nacional en la que no aparece la palabra guerra. Decretó que la guerra no existe, y ya está.
Ahora, tampoco hay crisis económica, sino desaceleración, los bloqueos de camiones son tráfico lento, y los supermercados no están vacíos, sino esperando la reposición de existencias.
Una neolengua que cambia la realidad, tanto, que incluso uno de los hombres de la pareja homosexual será madre pariendo un/una bebé o bebá, como corresponde al matri (madre) monio. Y la ministra Aído será más musical poniéndose Aída.
Sesudos analistas quieren saber cómo Z y su cuadra ministerial descubrieron que podían mejorar la realidad variando el significado de las palabras.
Elemental: se inspiraron en los diálogos de Gila, en los que la guerra era risueña como la zapateril.
Gila lograba todo con un teléfono como el que Aída va a ponerle a los maltratadores para que se desfoguen: Soy Gila, ¿estás Aída?

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