¡Qué manía tienen algunos políticos de segunda fila con demostrar su incompetencia! No tiene intención de rectificar Joan Puig su sarta de estupideces, mientras no rectifique Air Berlín. Este tipo de gentecilla no sabe el daño que hace a su formación y a su comunidad autónoma.

No se conforma con decir tonterías contra la compañía germana, sino que alude a ella como ‘Air Goebbels’. A lo que añade que “basta ya de poner la cara y recibir bofetadas. ¿Cómo es que España no sale en defensa de la lengua catalana?”. ¡Toma castaña! El ‘asaltapiscinas’ más famoso en su día del Congreso de los Diputados, que se ha hartado de difundir eso de “Puta España”, ahora quiere que España se ponga de su parte. ¿Acaso en Cataluña están de acuerdo con su sarta de horteradas y mamarrachadas de calibre diverso?

Los nacionalismos son el cáncer de las democracias. Y algunos nacionalistas catalanes necesitan su dosis de protagonismo. Sin él no saben estar y mucho menos vivir. Está más solo que la una de la tarde en época estival. Le ha vuelto a traicionar su afán de figurón retroprogre.

Joachim Hunold no debería relajarse en la presentación de una denuncia contra la estupidez de Puig. Es evidente que la lengua catalana se merece un respeto, como lo merecen todas las lenguas del Estado, ni más ni menos. Y son, precisamente, paranoicos como Joan Puig los que debilitan ese respeto y la admiración por la diversidad cultural y lingüística. El nacionalismo siempre suele revolver las cloacas donde se desenvuelve y no faltan expertos en ello como el ex diputado Puig.

Una vez más ha sacado los pies del tiesto, como suele hacer casi siempre. Tal y como hizo en el asalto a la piscina de Pedro J. Aún recuerdo que se sentía víctima. Y es que, tal y como afirmó Vidal Quadras, estamos ante un enfermo. Un paranoico con altas dosis de estupidez, afán de protagonismo y brutal desorientación mental.

Se ha sentido insultado por el escrito de Hunold y nadie lo entiende. Mucho menos aún la presencia de las esvásticas nazis en su bitácora. Sea como fuere, el caso es que el nacionalismo precisa de la polémica para seguir subsistiendo. Por eso, frente a la actitud del separatismo, vulgar y aldeana (con todo mi respeto a las aldeas de España), el Estado debe aglutinar la vertebración del Estado de Derecho, precisamente en un momento en que empieza a flaquear por la crisis, el terrorismo y la falta de resolución del Gobierno socialista, más preocupado del bienestar personal de sus miembros que de la resolución de los problemas de la ciudadanía.

El señor Puig se ha inventado su propia represión. Ha sacado la esvástica — símbolo que encaja perfectamente en los nacionalismos catalán, gallego y vasco — y pretende convertirse en víctima este aprendiz de terrorista. Mañana, cualquier compañía española recibirá las mismas críticas y ataques.

No hay duda de que lo que procede es controlar a enfermos como Puig. Hacen daño por donde pasan. Mamaron la insensatez y la practican con soltura y holgura. Su probada incompetencia la traducen en actos como el que ha protagonizado. En fin, ni caso.