Al parecer, al Presidente del Ejecutivo español le parecen un poco extrañas las reacciones de no pocas personas relacionadas con la Iglesia porque, también al parecer, tales personas no están muy de acuerdo con la deriva que está tomando la actuación del Presidente del Ejecutivo español en temas relacionados con la religión. Pero no con cualquier religión sino especialmente con la católica.
Algunas de las cosas que ha dicho, en entrevista en la cadena SER, han sido las siguientes:
1.-“Los acuerdos pueden evaluarse pero la intención del Gobierno es mantener esa relación con la Iglesia católica porque responde a una realidad que mana de una indicación de la Constitución”
Error: la realidad no es que sea constitucional porque, de tal manera podría cambiarse cuando se quisiera. El caso es que se trata de algo que es anterior, muy anterior y superior, muy superior, a la Constitución española de 1978 y a cualquier otro tipo de norma. Es tan anterior que, por eso mismo, no entra en las cortas miras de alguien relativista que lo da todo por bueno y que, sobre todo, no sabe de nada que se pueda remontar a Dios mismo (al mismo Derecho Natural).
Sin embargo, no es menos cierto que al Derecho Natural (que es la norma superior en la que debe basarse la humana) se le puede achacar el estar atacado de una falta de suficiencia como norma aplicable. O lo que es lo mismo, que el DN no es apto para regular las relaciones sociales, lo que, desde el positivismo, determinaría su innecesariedad. Cierto es que de la aparente abstracción de los derechos naturales, la falta de sanción adecuada de la ley natural, las exigencias de la seguridad jurídica (que ha de ir más allá de las meras declaraciones filosóficas que se puedan derivar del DN) podría deducirse una falta de adecuación con la realidad.
Sin embargo, como ya dijera Sto. Tomás de Aquino "Toda ley tiene razón de ley en tanto en cuanto se deriva de la ley natural. Si en algo se separa de la ley natural no será ley, sino corrupción de ley". De aquí la positivación del DN y su reflejo, a modo de sombra platónica, del que lo es verdaderamente esencial. Sin embargo, de esta necesaria fijación por escrito de los principios del DN en normas aplicables no se ha de derivar, necesariamente, una preterición de lo que significan aquellos ni, tampoco, un elemento sustentador y justificador de la supremacía de lo positivo (por contemplado en leyes escritas) sobre lo que le da origen y que no es otra cosa que la Ley Natural, pues el mismo Sto. Tomás dice que la ley propuesta por los hombres ha de respetar los derechos inalienables de cada persona. Estamos de acuerdo con Oscar Fdez. Espinosa de los Monteros cuando dice, con relación al sentido de aquella que es "el conjunto de leyes racionales que expresan el orden de las inclinaciones naturales a los fines propios del ser humano, aquel orden que es propio del hombre como persona". Nada más lógico que estas normas que emanan de la razón humana (entendidas, como ya hiciera Sto. Tomás de Aquino, como participadoras de la ley divina en la criatura racional) tengan su imagen en el orden establecido por el hombre en el devenir social. Esto parece estar meridianamente claro y queda muy alejado de ese relativismo imperante en la sociedad actual, lejos del “todo vale”.
Aunque comprendemos que esto no lo entienda, en su justa medida, el Presidente del Ejecutivo.
2.-Parece que el Presidente del Gobierno dice tener un compromiso con los principios aconfesionales y la laicidad del Estado.
Error: no existen principios que determinen la “laicidad” del Estado sino la aconfesionalidad del mismo. Lo que aquí pasa es que se trata de equiparar una cosa y la otra para hacer ver que es lo mismo. Y no es lo mismo, aunque haga que no lo sabe el Presidente del Ejecutivo español.
La aconfesionalidad es la “Falta de adscripción o vinculación a cualquier confesión religiosa”; la laicidad una cualidad del laicismo que es la “Doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa”...
Por una parte, la confesionalidad se predica del Estado como organización política pero la laicidad va algo más allá porque viene, directamente del término “laico” que es aquel que es “independiente de cualquier organización o confesión religiosa” y, en tal caso, también habría que considerar a las personas, individuos particulares, que no forman parte del Estado-organización.
En resumidas cuentas, que lo pretendido por el Presidente del Gobierno es, ni más ni menos, que atraer hacia el Estado a todos los individuos a los que poner bajo su poder y a los que quitarles la posibilidad de hacer profesión de fe del catolicismo.
Vamos, algo muy poco democrático.
3.-Recuerda, el Presidente del Gobierno, que está entre sus planes “adaptar” la Ley Orgánica de Libertad Religiosa a una “realidad cambiante”
Eso es muy propio de alguien que adopta una postura relativista ante la vida. La Fe, mal que le pese al Presidente del Ejecutivo, no cambia.
Sin embargo, quien opta por entenderlo todo como adaptable a su gusto o parecer tiene, por supuesto, una concepción de lo religioso, digamos, “bizcochable” o, lo que es lo mismo, que se acomoda a los tiempos que corren para no caer mal o parecer simpático a la mundanidad.
Lo que, en realidad, quiere el Presidente del Ejecutivo español, es, muy al contrario de lo que parece, adaptar la religión a su particular sentido de la Ley. O sea, justo al contrario de lo que debe ser.
Por eso, después de ver lo que, exactamente, pretende el Presidente del Gobierno, bien podemos entender cuál el origen, la causa de lo increíble de su afirmación de tal cosa sobre las advertencias que se le han hecho sobre su intención de perseguir la libertad religiosa: su anticlericalismo trasnochado, carca y además, y en el fondo, inútil.


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