Como decía el otro día, uno de los efectos secundarios graves de la naturaleza opaca de la organización del PP es que nadie sabe la fortaleza de los apoyos del jefe. Esto es un problema para el líder del partido, que tiene pocos argumentos para contestar a los potenciales rebeldes en su partido, pero también puede una fuente de debilidad para los insurrectos, especialmente si no se organizan bien.

¿Qué incentivos tiene un notable de un partido político en una situación como a la que se enfrenta Rajoy? Un líder provincial del PP tiene básicamente tres opciones: apoyar a Mariano, hacer ruido en su contra o callarse y decir que todo el conflicto no va con él. Las tres opciones tienen un coste y beneficio potencial, que dependerá de quién gane el liderazgo. Para acabar de complicar las cosas, la elección de un notable individualmente no sólo afecta el resultado final de la votación en un congreso, sino también lo que hacen los otros delegados: si todo el mundo está apoyando a Mariano, ser la voz disidente tu solito no queda demasiado bien. En cambio si todo el mundo está tratando de apuñalar al líder, ser el último matado defendiéndolo es una receta para ser defenestrado junto con tu jefe. El quedarse callado también tiene sus riesgos. Gane quien gane, un notable puede ser víctima del resentimiento del ganador, decepcionado por su neutralidad cobarde e interesada.

La tropa aguirrista se enfrenta ahora al problema que necesita hacer el ruido suficiente para provocar una reacción en cadena de notables apostando a caballo ganador, con el problema que la única señal sobre la fortaleza de su candidatura alternativa es el número de notables que le apoyan. Un notable neutral indeciso tiene un determinado "umbral de protesta", dependiendo de lo cabreado que esté; si no ve un número específico de gente uniéndose a la revuelta, no se moverá. Aguirre puede que tenga un número suficiente de apoyos; el problema para ella es que esos apoyos sólo saldrán del armario si hay muchos otros que han salido antes. Los insurrectos ya hacen lo imposible por crear un ruido ensordecedor, pero parece que todo el estruendo mediático no está siendo suficiente.

Es por eso que enviar a Costa en misión suicida estaba sobre la mesa, por cierto. Provocar un voto secreto es un método estupendo de bajar el umbral de muchos notables llenos de dudas. El problema, claro está, es que Costa puede que no tenga vocación de comando político suicida. Veremos lo que sucede, pero podemos esperar más estruendo y furia hasta el congreso. Rajoy puede que sobreviva, al menos por ahora.