Una primera muerte no nos libera…
_¡Buenos días, Almirante!
La masa pesada y gris de Luis Carrero se echó en el asiento. Era una mañana cálida, los edificios de Madrid brillaban. Él sentía una especie de tranquilidad interior, su familia estaba bien y el país lograría superar el momento difícil.
_¿Ha pasado una buena noche, mi Almirante? El gesto hosco dejaría entrever su estado de satisfacción como respuesta. El chofer intentaría seguir la ruta de siempre. Ello le llevaría a girar por la calle de Claudio Coello. Unos minutos después, un chasquido grueso les elevaría, apartándoles de la rutina. El tímpano derecho del Almirante le estallaría. Unos segundos antes, él sentiría un vahído triste y desangelado, mientras su cuerpo se hundía en el asiento. Al dar el coche en la terraza, tal vez, en un último murmullo hubiésemos sentido: ¡mierda, me han jodido!
_El presidente está entusiasmado con la idea. En estos momentos, en que el Gobierno -año 1976- tiene tantos problemas, sería clave lograr que esos tiparracos dejaran de disparar. “Suarez -dijo Casinello del Seced a su interlocutor- nos pide que hagas todo lo posible por sacarles una tregua para cuando se acerquen las elecciones que serán en menos de un año.”
_Bien... ¿y qué puedo ofrecerles a cambio de que dejen las armas? Quizá fui algo ingenuo y recibí la respuesta que podía esperar.
_”¡Ah! De eso no me ha dicho nada. Tú dale largas, diles que estamos trabajando seriamente en la posibilidad de una amnistía más amplia, y en la cuestión del acercamiento a las cárceles...”. En resumen, tenía que lograr un compromiso de tregua a cambio de humo" (2). Sabía que en la entrevista estarían presentes Javier Garayalde, Erreka, mano derecha de Pertur y Jesús Maria Galarraga, Txaflis. Ambos eran partidarios de la teoría de Pertur del desdoblamiento, es decir, de la creación de un partido político que marcase las pautas al aparato militar.
Recordar los orígenes del fenómeno ETA nos conduce a un elemento histórico presente en todos estos años: la violencia que acaba con la vida del rival político. Es por ello que he escogido la vida del más odiado -Carrero Blanco-, como ejemplo. La teoría militar se superpone por encima de los demás y ante cada tregua o altibajo de la lucha política aparece su interlocutor, el Estado -como le denomina ETA- que, dependiendo del momento, oscila desde la actitud del Zorro franquista, hasta pasar por multitud de presidentes que, por enésima vez, actúan movidos por la atracción estética de "pasar a la historia".
¿Y qué opinaba ETA? Por citar los ocho puntos del año 2000, sostenían: "El cambio que advertimos en esta nueva situación es el siguiente: el fracaso de las estructuras institucionales que nos dividen (sic), impuestas por los dos Estados y que obstaculizan el camino de la libertad. El marco institucional vigente en Euskal Herria está agotado. Las fuerzas imperialistas españolas y francesas se han convertido en los ardorosos y únicos defensores del actual statu quo institucional. El Estatuto de la Moncloa, el Amejoramiento del Fuero Navarro y el no reconocimiento del territorio vasco en suelo francés no tienen la suficiente eficacia como para sostener los deseos y las necesidades de los ciudadanos vascos". Declaración de Alto el fuego.
Éste es el núcleo de su pensamiento, ¿se ha modificado en estos años? Es decir, esta ideología de la resistencia no reconoce que la democracia, bajo el Estatuto y la Constitución, en los últimos años ha permitido que una opinión mayoritaria de la sociedad diera por hecho una aceptación moral de la estabilidad institucional.
¿Y de las pistolas?…"Desgraciadamente, como se vería, ETA militar enfocó el problema con otro prisma. Cuando crearon su partido político, Herri Batasuna, lo pusieron siempre bajo las directrices de quienes tenían las armas. [...] Se dieron cuenta de que las pistolas eran su única fuerza real" (2).
La sociedad civil, dirá Locke, surge de la necesidad de que el hombre renuncia a su libertad natural y se sitúa bajo los límites de las leyes. Esto sólo es posible llegando a un acuerdo con otros hombres para reunirse y vivir en comunidad (3). Esta digresión sortea un camino, pero no lo resuelve. La Transición política española fue un pacto histórico para sustituir un estado dictatorial construido desde la irracionalidad militar, por otro capaz de delimitar la aceptación expresa de los limites constitucionales.
¿Es posible que un grupo no haya aceptado este acuerdo?
A principios de 1976, a raíz del secuestro de Angel Berazadi y su posterior asesinato, la dirección de ETA se divide entre los que ordenan su eliminación (Apala y Pakito) y los que desean su liberación con rescate (Pertur y Ezkerra). Pertur dirige una carta a la organización dando a luz su opinión. Pertur será secuestrado entre abril y junio por Apala y Garmendia (Pakito). Unos días después, le liberarán y trabajará hasta el 23 de junio. El día 10, queda con una persona para una entrevista y se encuentra “por casualidad” con Apala y Pakito, que le llevan hasta la frontera. Será la última vez que se le vea con vida. Estos dos dirigentes serán los encargados de asesinarle –y tal vez Artapalo. Comienza una praxis de la organización, que llegará hasta nuestros días. Pero existen otras opiniones que han modificado esta visión clásica de los últimos 30 años. Un reciente documental sostiene que Pertur fue asesinado por neofascistas italianos.
El tiempo nos llevará irremediablemente a dar la razón al juez Garzón y su intento de demostrar que el mundo civil que rodea Batasuna es incapaz de incidir en la organización terrorista. Nos guste o no, existe una comunión entre liderazgo institucional y aparato del terror.
Llegados a este punto, ¿qué podemos hacer?
Poco o bastante poco. Lo primero pasa por considerar que la carencia de un líder político al estilo G. Adams de Irlanda es un factor que impide desbloquear la situación.
El hiterland Batasuna debe evolucionar en su praxis política y abandonar su visión militarista de la sociedad. La nueva situación creada desde que se elaboró este artículo a mediados del año 2005 y el actual de 2008 permite considerar que el liderazgo político fluctúa, habiendo pasado de Arnaldo Otegi, Rufi Etxebarria o Díez Usabiaga. La apertura de un diálogo político en la legislatura pasada parecía que acentuaría la necesidad del liderazgo pactista dentro del grupo. Los sucesos posteriores de la T4 y sucesivos nos han vuelto a llevar a un punto extraño. Actualmente, la dirección política del PSOE y el gobierno presumen de dureza. Tiempo al tiempo. En cuanto al Partido Nacionalista Vasco (PNV), da síntomas de entender que el fin del terrorismo libera gradualmente a la sociedad de la servidumbre que impone una sociedad dividida y sin derechos políticos –es la pistola quien decide-. También comprende que este difícil escenario llega a su fin (4). Pero, de nuevo, nos encontramos ante un proyecto de convocatoria a “decidir el pueblo vasco” que plantea grandes interrogantes.
(2) Espía en el Pais Vasco, Angel Ugarte, Francisco Medina. Edit Plaza Janés, año 2005. Relato del primero que negoció con ETA.
(3) Segundo Ensayo sobre el Gobierno Civil, J. Locke.
(4) Roberto Zucco. Algunos puntos. http://robertozucco.bitacoras.com/ PNV/ETA: Historia de una relación imposible, Sagrario Moreno. Edit. Tecnos

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