En medio de un "Festival" más del chalaneo y el compadreo político, el Chikilicuatre invadió el escenario y lo llenó de chabacana ironía, que era lo que tocaba dada la coyuntura. El representante de RTVE hizo el ridículo, que es a lo que iba, y quienes vimos el espectáculo nos reímos bien a gusto “con” y no “de” la representación de la tele española, como ocurría hasta ahora. No está mal el cambio que parece ha sentado precedente y otras televisiones europeas, dado el mercadeo de los votos, ya se están preparando para soltar a sus "frikis" para que "perreen" en el escenario del otrora Festival de Eurovisión y hoy "Parada de los Monstruos".

Es verdad – al César lo que es del César – que Alf Poier (Austria), que terminó en séptimo lugar; y Lordi (Finlandia), que “para mayor escarnio de los puristas” ganó el “Festival”, abrieron las puertas que dan acceso al camino del frikismo en Eurovisión – y eso que no cuento al Pavo Dustin (Irlanda) –, pero no es menos cierto que no pueden citarse como precedentes de nuestro Chikilicuatre – digo nuestro porque nuestros dineros nos ha costado, aunque no nos digan cuánto – ya que éste es un producto “ad hoc” de recorrido tan limitado que morirá en julio; más que nada porque o muere él o enterramos a David Fernández, el actor que lo interpreta. Sí, el Chiki-Chiki no es una canción, ni está interpretada por un cantante – aunque sí por un artista, que es diferente – y ni siquiera es un “friki”, sino que se trata de una burla perpetrada por un “personaje” interpretado por un actor profesional. El escándalo debía de haber sido mayúsculo y a RTVE deberían haberle vetado la participación de por vida, por su palmaria falta de respeto al Festival, al tiempo que se debería haber abortado la actuación del Chikilicuatre. El hecho de que nada de esto haya ocurrido dice mucho, y nada bueno, de la organización del evento, más preocupada por otras cosas. Nos quedan, eso sí, toda la panda de patéticos “eurofans” y otros puristas despistados, anacrónicos y profundamente ridículos, que atesoran todavía las rancias esencias de un Festival que sólo existe en su imaginación calenturienta.

Al margen de Chikilicuatres, frikis varios y festivales decadentes, un peligroso discurso está enraizando entre líneas. Sabemos que RTVE utilizó un sistema para elegir a su representante en Eurovisión que podríamos denominar “democrático”, ya que se desarrolló por votación popular – eso sí, a través de Internet, lo que excluye lógicamente a quien no disponga de conexión – y que ha dado el resultado que ya conocemos. No debería utilizarse el resultado de esta votación y mucho menos el sistema por el que se desarrolló para explicar otros resultados en otros contextos en los que se utilizan sistemas similares, pero lo cierto es que se está extrapolando ese paradigma a capazos llenos. Imagínense que ya hay quien piensa que de la misma manera que no debería haberse sometido a votación popular la representación de RTVE a Eurovisión, tampoco es de recibo encargarle al populacho descerebrado e inconsciente la elección de los representantes de la soberanía nacional en el Parlamento ¡Que pueden escoger un Chikilicuatre para gobernar! Ya ven ustedes lo que ha pasado en Italia, que presentaron un friki y ahora es Primer Ministro por votación popular.