Libre Albedrío El Ceremonial
de la Confusión
Hace unos días, Gotzone Mora, profesora de sociología de la UPV, concejal socialista en Getxo, miembro de la plataforma Profesores por la Libertad, miembro de La Resistencia, amenazada por la ETA y obligada por ello a vivir escoltada, mujer valiente y miembro del Partido Socialista, cerraba las Jornadas sobre Ética de la Facultad de Comunicación de la Universidad Pontificia de Salamanca, con una charla deliciosa y cautivadora sobre la situación actual en el País Vasco y en España en el marco de este mal llamado “proceso de paz”.
Obviamente, la charla fue deliciosa y cautivadora gracias a Gotzone, no por el contenido, durísimo por otra parte, de los argumentos allí expuestos. Pero su naturalidad, su valentía, su clarividencia y su hablar sosegado, propio de quien sabe muy bien de lo que habla y no necesita alterar el tono de su voz para resultar convincente, cautivaron al auditorio, un aula con un gran aforo, casi completamente llena de estudiantes y profesores de esa Facultad.
Gotzone empezó hablando de la Universidad Española en general, y de las Universidades Católicas en particular, dado el carácter de la que promovía estas jornadas. Manifestó su gran agradecimiento por ser acogida ahí, en ese recinto académico, para poder manifestar la verdad, la cruda verdad.
Sus palabras fueron éstas:
“La Universidad española nos ha dado la espalda a las víctimas del terrorismo, y hablo de Universidades como ésta, de raíz católica.”
Gotzone, agradablemente sorprendida el calor del recibimiento, por la gran cantidad de personas a las que había convocado y por la presentación que de ella y de su situación hicieron otros ponentes que la acompañaban en la mesa, dos profesores y un alumno, dio las gracias al recinto académico, para pasar a mostrar una realidad brutal, por medio de una serie de imágenes que contrastaban con el siempre agradable y sosegado tono de su voz.
Las imágenes eran aterradoras, y no reflejaban más que su realidad cotidiana. Estaban tomadas en el interior de la UPV, en su Facultad la mayoría. Aquello parecía un campo de terror: pintadas amenazantes, convocatorias a la comisión de actos salvajes, mobiliario destrozado, cristales rotos a diario por los “chicos” abertzales, carteles de asesinos donde éstos son ensalzados como héroes… algo verdaderamente espantoso.
No es de extrañar que Gotzone, al entrar en un recinto como esa Facultad en Salamanca, en el que se respira simplemente ambiente académico, bullicio de estudiantes intercambiando informaciones o apuntes y donde los tablones de anuncios se utilizan para su verdadera función en una facultad: difundir acontecimientos académicos y para-académicos propios de la vida estudiantil, ella manifestara su sana envidia a la vez que respiraba aliviada.
Las palabras de Gotzone durante su charla calaron muy hondo. Los aplausos fueron atronadores y las manifestaciones de solidaridad, apoyo y agradecimiento “por habernos mostrado una realidad que, desde aquí, no siempre se percibe con toda su crudeza”, incontables.
La profesora hizo una especie de declaración de principios, que ratificó después, en el turno de ruegos y preguntas de los estudiantes:
“Yo sigo creyendo en la Política, no creo en determinados políticos. Ya decía Aristóteles que, desde que, por la mañana, ponemos un pie en tierra, estamos haciendo política…”
Del contenido de una charla extremadamente clara, contundente y muy didáctica, selecciono algo que me pareció ser la esencia de su mensaje y que a continuación intento resumir.
“El Gobierno de Rodríguez Zapatero ha diseñado y puesto en práctica algo que yo llamo el Ceremonial de la Confusión. El objetivo es ir, poco a poco, anestesiando a los ciudadanos para que asimilen como natural algo que no lo es: este falso proceso de paz. La realidad de lo que está ocurriendo es imposible hacérsela digerir a los ciudadanos en un solo bloque. Es demasiado cruda y evidente. Por ello, el mensaje se ha troceado. Y así, poco a poco, una vez descompuesto en mensajes más cortos, en consignas más fácilmente digeribles, todo este ceremonial va calando en la ciudadanía lentamente, como el sirimiri que cae en mi tierra y que, sin darte cuenta, te empapa hasta los huesos”.
Así, mensajes como “proceso de paz”, “cese de la violencia”, “diálogo”, “talante democrático”, y muchas otras docenas de consignas que fueron citadas en la charla, se convierten en el material con el que se construye ese ceremonial, ocultando la realidad:
Las víctimas y los amenazados son ninguneados, apartados y olvidados. Se invierten los papeles y se concede más crédito y prebendas a los asesinos, a los que se ofrecen rosas blancas, que a las víctimas, que son tratadas como ciudadanos sospechosos de “querer hacer política”. Así, se puede comprobar que, incluso en los juicios a los etarras, las víctimas que acuden a testificar, como si sufrimiento y el dolor por las pérdidas de los seres queridos, en su caso, fueran insuficiente carga, tienen que sufrir las vejaciones y los insultos proferidos por sus verdugos, sin que, en muchas ocasiones, el sistema judicial habilite procedimientos para protegerlas y ahorrarles este sufrimiento. Se habla del fin de la violencia porque llevamos meses sin asesinados, pero no se habla de las continuas extorsiones, palizas, amenazas e incluso actos terroristas como el destrozo de coches u otros actos de amedrentamiento a los amenazados.
¿Cuál es la realidad? La realidad es que el Gobierno se rinde y claudica para apuntarse el tanto de una victoria que no será tal victoria, sino puro entreguismo, la realidad es que, a veces, el esfuerzo y el sufrimiento de todos los que han resistido heroicamente contra la barbarie terrorista parece carecer de sentido, la realidad es que los asesinos mandan y el gobierno de Zapatero les tiende la mano, la misma que le niega a las víctimas. Todo ello implica que los que han resistido y siguen resistiendo, por principios, porque han visto a sus compañeros de profesión, de partido o de consistorio, destrozados y ensagrentados en el suelo por las bombas de los asesinos, los que tienen que llevar escolta porque están amenazados de muerte, son ahora llamados “enemigos del proceso de paz”.
Ayer, sábado 10 de junio de 2006, un millón de españoles se concentraron en las calles de Madrid, exigiendo la verdad sobre el 11-M, esa verdad que tanto se reclamó por los que ahora nos gobiernan sólo durante tres días, y manifestando su repulsa por la negociación con asesinos. Los mensajes de los intervinientes en el acto, todos ellos víctimas del terrorismo, desmontaron de manera eficaz lo que Gotzone ha denominado “El Ceremonial de la Confusión”. Los que hablaron lo hicieron de forma sencilla, clara y contundente. Y las acusaciones contra este gobierno fueron directas y muy serias. Nadie se querellará contra ellos, porque sólo dijeron la verdad, sólo desmontaron el ceremonial. Los únicos argumentos para descalificarlos son de este tenor:
“Están politizados”
Como si una víctima del terrorismo no tuviera derecho a hacer política. Como si la política fuera patrimonio exclusivo de los políticos profesionales incapaces de ganarse la vida con una profesión u oficio. Como si no fuera obligación de todo ciudadano hacer política exigiendo y ejerciendo su derecho a participar en las decisiones de estado que les afectan, a través de todos los canales que la ley pone a su disposición en un estado de derecho.
“Les mueve el rencor”
Como si los actores de esta comedia, los interlocutores de este diálogo de besugos asesinos e irresponsables, tuvieran derecho a evaluar o juzgar los sentimientos de las víctimas: viudas, huérfanos, hermanos y padres de asesinados, heridos, mutilados, personas cuya vida quedó truncada para siempre por la decisión de personajes terroríficos, cuya única oportunidad de redención deberían ser unas cuantas décadas en prisión, meditando sobre la atrocidad de sus acciones.
“Son un instrumento de la derecha”
Como si ser de derechas fuera un insulto, como si la derecha, es decir, el PP, el único partido que ha apoyado siempre y apoya la exigencia de las víctimas de no claudicar ante los que han martirizado a los españoles durante 40 años, tuviera que pedir perdón por su existencia, y como si todos los asociados de la AVT, los amigos de la asociación y el millón de asistentes al acto, fueran todos una masa sin ideología propia. Esto es un ejemplo elemental del tan oportunamente denominado Ceremonial de la Confusión: Si el partido de centro-derecha apoya las reivindicaciones de las víctimas es que las víctimas son de derechas, ergo no tienen derecho ni legitimidad democrática para pronunciarse.
Y no habrá, de hecho no ha habido, muchos más argumentos. Lo antedicho y el insulto puro y duro. Porque ni siquiera toda esta elite intelectual, las portadoras de las rosas blancas, con su icono, Pilar Bardem, de abanderada, tendrán capacidad para argumentar mejor. Para ello, hay que tener razones, inteligencia, honradez intelectual, y, sobre todo y por encima de todo, capacidad para distinguir el bien del mal. Verbigracia: un asesino terrorista de un ciudadano inocente.
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