La Audiencia Nacional ha levantado de nuevo, y quizás definitivamente, el procesamiento de los tres soldados estadounidenses que dispararon contra un área del hotel Palestina de Bagdad, donde mataron al cámara José Couso en abril de 2003.

Ahora debería abrirse un proceso moral contra Tele 5 por haberlo enviado a una guerra con un contrato-basura y sin seguro de vida.

Cuando se produjo aquella muerte las asociaciones de la Prensa no se atrevieron a decir lo que pensamos los periodistas que hemos sobrevivido guerras: la ira que recorría España contra el proamericanismo de Aznar tapaba todo raciocinio.

Ira que ocultaba que quien va a una guerra como informador expone su vida: puede dispararle incluso cualquiera de los asustados soldados que lo acompañan.

El exhibicionismo antiamericano con errores de percepción que inculcaron en la indignada familia de Couso inició una ola de condenas que tapó la responsabilidad de Tele 5 en su muerte.

Porque lo habían mandado a una guerra como freelance que debe sufragarse todo, incluyendo su propio equipo, pagándole por noticia emitida, cuando sólo un seguro de vida cuesta más que lo que cobrará por todo su trabajo.

Casi simultáneamente, el bando iraquí mató a Julio Anguita Parrado, que tenía un seguro de “El Mundo” cuyo elevada indemnización recibió su familia. Casi nadie habla de él ahora.

Cree la Audiencia que los soldados estadounidenses dispararon contra Couso porque confundieron su cámara con el teleobjetivo de un lanzacohetes. Sería cierto, o no, pero Couso exponía su vida en una conflagración en la que las empresas decentes pagan bien a sus freelance y los blindan con chalecos antibala y seguros de vida, como tenía el reportero ucraniano de Reuters que murió con él.

El crimen es que los freelance españoles siguen yendo a combates en condiciones como las de Couso.