En esta ocasión el escenario de la barbarie etarra ha sido Legutiano, un pequeño municipio cercano a Vitoria (Álava). La inmensa mayoría de nuestra clase política se ha limitado a realizar un penoso “play back” al tiempo que encendía sus polvorientos magnetófonos para hacer sonar palabras grabadas hace muchos años.
El cinismo impera en las declaraciones de este Gobierno, como lo hizo en las de otros que ya pasaron. ETA es un ente monstruoso que se alimenta de miedo, ya lo sabemos, pero dado que existe y mata no es cuestión de ponerle las cosas fáciles. Cuando Rubalcaba balbucea que el atentado ha sido ruin y cobarde porque fue dirigido contra una casa cuartel donde dormían niños y una joven, entre otros, no puedo evitar pensar que estaban allí porque sus padres o madres, Guardias Civiles, no ganan para comprarse un piso. Según los medios, en el País Vasco todos los agentes de la Benemérita viven en este tipo de complejos por su seguridad. Sin embargo, se convierten en blancos fáciles. Muchas familias en un solo punto, basta la colocación de una potente bomba para acabar con decenas de vidas. Afortunadamente, si es que, dadas las circunstancias, puede usarse esta palabra, no ha sido así. Podía haber sido peor, palabras de consuelo para imbéciles, pues Juan Manuel Piñuel Villalón no volverá a abrazar a su mujer ni a jugar con su hijo de cinco años. Cuatro agentes más fueron heridos, uno de especial gravedad, aplastado por los escombros de la garita en la que se encontraba junto al agente asesinado. La solución es acabar con ETA, por supuesto, ya se ha hablado mucho de ello, los dos grandes partidos españoles casi lo consiguieron en el pasado. ¿Por qué existe ETA? Porque resulta rentable. ¿Cómo extirparla de nuestra sociedad? Cortando el grifo de las subvenciones públicas a su maldito entramado de empresas patrocinadoras oficiales (euskaltegis, barnetegis etc.), eliminando de la escena gubernamental a su brazo “político”, encerrando bajo siete llaves a aquellos que de una u otra forma les apoyan, devolviendo las competencias de educación a España para acabar con el adoctrinamiento y, lo más difícil, investigando de qué bolsillos salen extrañas cifras no identificadas con el fin de comprar balas y otros artefactos de muerte. En resumidas cuentas, cumpliendo la ley. El día que un partido político tenga las agallas de prometer esto y cumplirlo, tendrá mi voto. Pero eso son utopías, actos que granjearían enemistades varias a quien los ejecutase con las, siempre útiles para formar Gobierno, minorías radicales. Por tal causa, creo que, volviendo a la realidad, resulta indispensable que una persona (hay quien olvida que tras cada uniforme hay un ser humano) que se juega el pellejo en su trabajo y que pertenece al Cuerpo de Seguridad del Estado con mayor número de bajas causadas por el terrorismo deje de ser un mileurista y se ponga especial atención a su seguridad personal en todos los ámbitos. Es bochornoso, y me quedo corto, que aquellos a los que se recurre cuando hay que rescatar a un montañero herido, vigilar nuestras caóticas carreteras, perseguir a un terrorista o garantizar la seguridad en el más recóndito de nuestros pueblos, cobren en torno a los mil euros, algo más si poseen cierta antigüedad o galones. Hablamos de hombres y mujeres que, con más de cuarenta años de edad, no pueden acceder a un crédito para adquirir una vivienda. Son alojados en las susodichas casas cuartel, sí, es cierto, pero normalmente son edificios antiguos, cuyos pisos son más que sencillos. La seguridad en dichos lugares, como tristemente hemos podido apreciar, no es excesiva. Vulnerables a ataques de todo tipo se convierten en cómodo objetivo de los terroristas como demuestran los múltiples atentados de ETA cometidos contra ellos.
Ante esta situación los profesionales de la política se limitan a escupir comentarios infames, malogradas palabras donde ETA “ha dado un paso hacia…” No, ETA no ha hecho nada peor ni distinto que en tiempos pretéritos, no da pasos, siempre es la misma y hay que aniquilarla, no hablar con ella, porque su modus vivendi es nuestro asesinato.
Quisiera expresar mis condolencias a los familiares y allegados de Juan Manuel Piñuel y dedicar las presentes líneas en su honor, el de sus compañeros heridos y el de la Guardia Civil, que, a pesar de la precaria situación en que se encuentra en materia de seguridad, sigue estando a disposición de todo ciudadano que la necesite.

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