La débil y derrotada ETA ha echado abajo una casa cuartel de la Guarda Civil poniendo 300 kilos de liberación nacional en un coche y liberando de su perra vida a un joven guardia.

La clase política española es unánime en su consternación. El presidente Rodríguez porque ve alejarse un poco más su Premio Nobel de la Paz; y también por la muerte del servidor público.

El ministro de la Oposición Rajoy porque sabe lo bien que utiliza el PSOE la propaganda en días como éste (aún tiene pesadillas con la encerrona que le montó Patxi López en el asesinato del ex concejal socialista de Mondragón, Isaías Carrasco, unas horas antes de las elecciones del 9-M y lo mucho que exprimieron en las teles prosociatas, o sea, en todas, por ejemplo, las declaraciones de la hija del asesinado); y también por la muerte del servidor público.

El presidente de la Comunidad Autónoma de las Vascongadas, Juan José Ibarretxe, también está muy afectado porque no queda muy bien que él esté dando la matraca con lo del referendo liberador y vengan sus chicos de la gasolina, ahora ya en el primer equipo y le llenen los telediarios de sangre y escombros, lo cual puede muy bien considerarse publicidad negativa para los vascos y las vascas; y también por la muerte del servidor público.

La lista de compungida unanimidad es larga porque según se dice unánimemente hoy sólo es día de unanimidad compungida: cualquier otra cosa está fuera de lugar. De hecho, en los medios de comunicación que repentinamente se han convertido en paladines entusiastas de la causa de Rajoy, así como alguno de esos fieles colaboradores que van a todas partes con su líder para poder llevarle tanto el maletín como el respirador artificial que le mantiene con vida, le han reñido a María San Gil por referirse a otra cuestión política en vez de sumarse a la compungida unanimidad. Casualmente la cuestión política a la que se ha referido tiene ver con el liderazgo del PP, más en concreto la obvia negativa de algunos a que el liderazgo lo ejerza alguien que está entre zombie y catatónico. Si es que San Gil, como todos sabemos no tiene ninguna sensibilidad con esto del terrorismo ¿qué sabrá ella?

El Ciudadano Liberal