A pesar de lo que consideran algunos lectores de este Blog del País Vasco, apenas sé nada de lo que sucede en el interior del PP, desconozco casi todo de las luchas internas por el poder existentes en el partido de Mariano Rajoy y considero que, efectivamente, España necesita una derecha liberal, moderna, laica, abierta y, sobre todo, firmemente comprometida con los valores que constituyen la base y lo mejor de nuestras sociedades occidentales. Creo que en el Partido Popular hay personas que representan este perfil, pero no estoy seguro de que las líneas maestras programáticas de la principal fuerza de la oposición vayan a ir por este camino. De lo que sí estoy convencido es de que un partido conservador no es más avanzado, más eficaz o más sólido por mostrarse más condescendiente, más receptivo y más laxo ante los nacionalismos periféricos montaraces, integristas y fanatizados que, desgraciadamente, tanto abundan en España.

Desconozco, en profundidad, cuáles son los motivos que han llevado a María San Gil a tomar la decisión de autoexcluirse de la elaboración de la guía programática fundamental del PP. Pero sea lo que sea lo que haya ocurrido, sé que María San Gil tiene razón porque esta mujer luchadora, firme, éticamente irreprochable y políticamente ejemplar es dueña de un armazón moral, de una preparación cultural y de una capacidad de análisis que, desde luego, no poseen otros dirigentes del PP ni, por descontado, de otros partidos. María San Gil conoce como pocos personas la realidad de lo que sucede en el País Vasco y sabe mejor que nadie lo que supone ser una víctima despreciada, ninguneada, atacada, vilipendiada y maltratada por sus ideas en el interior de una de las sociedades más obscenamente ricas de Europa. Pero, sobre todo, María San Gil sabe que el ejercicio de cualquier cargo institucional, que la puesta en marcha de los proyectos políticos, que el desarrollo de los programas de un partido y que el ejercicio cotidiano del poder no sirve de nada si los ciudadanos no pueden vivir en libertad. San Gil conoce muy bien todo esto y, por ello, sabe también que, al final, lo más importante del ejercicio de la política es conseguir que ésta sirva para enriquecer y perfeccionar todas esas cosas que nos hacen mejores a los seres humanos: la educación de nuestros hijos, la seguridad de nuestras familias, pasear sin miedo por una calle, comprar un libro en libertad, expresarse sin temor a ser asesinados, defender nuestra ideología y, sobre todo, proteger nuestros valores que, de hecho, representan lo mejor y a los mejores de entre nosotros mismos. Como María.

www.gonzalez-zorrilla.com