En el desierto de Omaha, el trueno se siente con más fuerza. Parece que, en esta planicie, la tierra nos transmite los últimos avatares de la naturaleza. Pero el lecho seco y esquivo también puede ser humano. Como, por ejemplo, al hablar de los modelos de parejas, que vemos un mundo nuevo. Desde el estilo de Amy Winehouse y sus novios, hasta la foto preferida de los Reyes de España, que es la crisálida clásica. Debemos constatar que los mitos se tambalean.
Multitud de veces, cocinamos, lavamos la ropa, procreamos o, inclusive, nos ilusionamos con el destino de la vecina/o del tercero. En todos nuestros actos, los 10 mandamientos nos persiguen.
¿Le agradaría seguir mi reflexión por unos segundos?
“El amar a Dios por sobre todas las cosas”. Con todo los respetos al creyente. Amar a una deidad puede ser interesante y hasta contener nuestras tensiones animales. Pero, según Hume, dicha hipótesis no deja de resultar una experiencia con nosotros mismos, porque nada atestigua de su existencia. Y, puestos a relacionarnos con nuestro yo, nada mejor que considerar otras experiencias místicas o racionales.
“Honrarás a tu padre y tu madre”. Con los tiempos que corren de adolescencia intratable, deberíamos convenir que la relación con nuestras figuras internas: de límites, de nuestros odios o de ternuras nos conduce a re-elaborar este mandamiento casi cada día. La crisis de este valor alumbra la criminalidad moderna. Si me permite, los dos millones de presos de EEUU dan una pauta de la conciencia extrema, que en los americanos asume el fin de la familia.
“No matarás, ni robarás”. Extraña y atormentada barrera que hemos atravesado hace ya tiempo. Es parte sustancial de la vida moderna. Los telediarios hacen un recuento de ello, como de las víctimas de la guerra de Irak. El volumen, la cantidad, dan la pauta que el odio o la ausencia del pudor ético que ha permitido que millones de individuos conviertan dicho límite en su propio estilo de vida.
“No cometerás ni desearás actos impuros”. Casi no es posible un comentario. El gran avance de la psicología descansa en demostrar que nuestra socialización conlleva la aparición del inconsciente. La represión de aquél por una norma religiosa supone para el individuo trastornos emotivos mayores. Desde el actor principal de la serie de Los Soprano, que asiste a su psicóloga para entender sus comportamientos antisistema, al aplauso de millones de espectadores hacia esta serie de culto. O, inclusive, la fama de los programas de corazón, en los que las diferentes partes en litigio analizan el porqué de sus engaños, medias verdades o ausencias de fidelidad. Y todo filmado. El relato verídico es tan deseado como el de la fábrica de sueños de Hollywood.
“No codiciarás los bienes ajenos”. El discurso de la abundancia de la sociedad del consumo descansa en ello. Compramos y vendemos para satisfacer estímulos que descansan en la codicia o en la emulación del vecino. El viejo “valor de uso” del Capital de Marx ha sido superado por la autosatisfacción egocéntrica de la posesión material y en un segundo plano -pero en aumento- la virtual.
¿Qué os puedo decir? Arrepentíos...
Dulce e inconexa sin razón.
La cáscara del plátano esta cubierta de moho.
Una nueva raza de cainitas.
Bebe, fuma y trajina
su decadencia.*
*Poesía maldita. Juan re-crivello

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