He de confesar humildemente que me recuerdo monárquico desde que tengo uso de razón política −uno tiene sus debilidades−, aunque dos razones de cierto peso no faltaban para apoyar mi opinión hasta hace poco: la primera es que el Bo(r)bón es un buen relaciones públicas de España, la segunda que nos sale más barato pagarle a él y a su numerosa familia que costear una presidencia republicana con sus respectivos fastos electorales periódicos. También −como tengo cierta tendencia a observar la realidad antes que a tener “opiniones” personales− observo que entre los países más avanzados del planeta, hay un nutrido grupo de monarquías parlamentarias: Inglaterra, Suecia, Japón, Bélgica, Noruega y Holanda; aunque en cuanto se me bajó el entusiasmo me di cuenta de que realmente hay bastantes más ejemplos de abyectos regímenes tiránicos que de reinos salvíficos coronados. De este modo me quedé sin un importante argumento para defender la monarquía.
Pero si ya me quedaba la cuestión cogida con pinzas, un análisis semántico de las últimas declaraciones de Juancar, el mismo que dijo aquello de “Yo no opino, yo estoy por encima” cuando se le pidió su regia opinión sobre la negociación con la Eta, acaba de inclinarme −quizá definitivamente− hacia el modelo republicano al estilo USA, Canadá, Alemania, Francia, Suiza, Italia, Australia, Polonia, Austria... que tampoco son mancos.
Y eso que en principio no voy a cuestionar los adjetivos que Juancar dedica a la desgracia de presidente del gobierno que padecemos −como el de “íntegro”− porque si integridad significa absoluta coherencia entre pensamientos y actos, está claro que el bobo solemne es un tipo íntegro, porque ataca a los enemigos de forma inequívoca y se afianza en el poder de manera igualmente indudable sin importarle un pito el bienestar de la mayoría de los españoles. Es obvio que considera que es el salvador del mundo y actúa en consecuencia, como si sus fines justificaran sus medios.
Y también se puede afirmar que Juancar acierta al decir que zETAp es un hombre recto, que no se desvía un ápice de su línea de pensamiento, pase lo que pase, hasta el extremo de reconocer que ha negociado con los terroristas después de negarlo durante años por activa y por pasiva él y todo su gabinete. Para atrás ni para coger carrerilla. Total, sabe que da igual lo que haga, una cosa y justo la contraria; él es el líder del rebaño y sabe por dónde nos lleva: bien rectos a la disolución de España y a la hecatombe económica (menos mal que tenemos playas y sol).
¿O no es verdad que “Él sabe muy bien hacia qué dirección va y por qué y para qué hace las cosas”? ¿Alguien lo duda? A mí no me cabe ninguna, ya lo dijo Pepiño: libertad, igualdad y fraternidad. Al estilo de la Cuba castrista e Irán. O de su aliado Marruecos con su democrático rey Mojamé que llama “tío” al Bo(r)bón.
Pero como no quiero ser malpensado, prefiero que sea Su Augusta Persona quien nos saque definitivamente de dudas, y ya que él lo sabe a ciencia cierta, le voy a lanzar un reto, a ver si nos responde: Majestad, ¿hacia qué dirección concreta va josé Luis? ¿Concretamente por qué y para qué hace las cosas, Juancar? No vaya alguno a pensar que hace las cosas “así como divagando”.
Y divagando divagando... me encontré además con que mi argumento de las relaciones públicas borbónicas cayó fulminado ante el −incomparablemente− más eficiente pubis de la primera dama francesa al efecto. Y en cuanto al del abaratamiento de costes... he terminado por comprender que se trata de algo realmente irrelevante en puros términos de PIB, sobre todo si lo comparamos con gastos como el armario de la vetusta vicevogue, las nóminas de los asesinos etarras, el desastre ecológico de Guadalajara y sus víctimas humanas, el rescate pagado a los piratas somalíes, la OPA del ICO a Endesa, o los miles de millones de los fondos europeos tirados por el traswater del Ebro.
En fin, queridos amigos, así es −tristemente− como ha evolucionado mi pensamiento al respecto de la monarquía. Así es como he pasado de monárquico a no-antimonárquico, para aterrizar felizmente en el territorio de la republicana antimonarquía, o por lo menos del antijuancarlismo militante.
Y ya veremos más adelante cómo luce el pubis de la Leti, igual hasta me reconvierte otra vez. Total, si la monarquía se va a seguir empeñando en cargarse España y no vamos a poder evitarlo, por lo menos que nos alegre la vista.

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