Las cosas se van aclarando, poco a poco, inexorablemente, para la campaña presidencial de Hillary Clinton. Cuando las noticias de las 6:30 de la tarde en CBS (lo más pánfilo y cauto que uno puede encontrarse en el periodismo americano) te ponen en antena algo como esto, estás básicamente frito.

Las matemáticas no es que hayan cambiado demasiado desde finales de marzo; sólo han pasado de ser absurdamente irrealistas a básicamente imposibles. La diferencia es que con los resultados de ayer, la percepción de los medios y los capitostes del partido demócrata es muchísimo más clara: Obama ha tenido básicamente la peor cobertura mediática que un candidato puede imaginar durante 6-8 semanas, y no sólo no ha perdido terreno, sino que ha mejorado respecto lo que sucedió en Pennsylvania. Todas la racionalidad, todo el argumentario de Clinton diciendo que Obama era un candidato irreparablemente dañado por las polémicas recientes se ha venido abajo. Hillary solo podía ganar si era capaz de generar un momento de terror en los superdelegados, y no lo ha conseguido.

Ahora quedan los detalles, los pequeños detalles cosméticos sobre cómo echamos a Clinton del escenario. Sus seguidores ya están dándole codazos bien poco discretos ahora mismo, pero la fecha más probable es el 20 de mayo, y la explicación es bastante sencilla. El martes que viene vota West Virginia, un estado que favorece demográficamente a Clinton de forma exagerada (blanquísimo, rural, viejo); Obama no va a ganarlo ni de broma. No queda bien que el nuevo candidato proclamado se la pegue justo después de ser proclamado, así que nadie tirará a Hillary del balcón aún.

El 20 de mayo votan dos estados, Kentucky (también muy favorable a Hillary) y Oregón (que favorece a Obama). La arimética de delegados, sin embargo, será distinta: si todo va como está previsto (y dando márgenes muy conservadores), ese día Obama conseguirá la mayoría de delegados electos. Los votantes habrán decidido de forma efectiva, y nadie en el partido tendrá el más mínimo remordimiento ya de despeñar a los Clinton barranco abajo, diga lo que diga la ex-primera dama. Obama tendría que comerse un bebé crudo en horario de máxima audiencia para que las cosas cambiaran.

Antes de hacer un repaso sobre por qué McCain y Obama han ganado estas primarias (algo que podeis hacer, en formato novela, repasando toda la serie), vale la pena recalcar la impresionante victoria de Obama. Estamos hablando de un tipo de 46 años, que fue escogido senador hace menos de cuatro años, que se enfrentaba en una primarias a un oponente que era, a todos los efectos, prácticamente invencible. Un novato contra la mujer de un expresidente enormemente popular, con unos recursos financieros ilimitados, una imagen de marca impecable dentro del partido, con el mejor portavoz del mundo para su causa en su marido. Encima el tipo es negro, tiene un nombre raro, y ha sido atacado de forma indiscriminada por todos los medios, a izquierda y derecha (los medios conservadores han estado apoyando a Hillary desde enero)... y ha ganado igual.

¿Y aún hay gente que dice que es peor candidato que Hillary, que con todas esas ventajas ha sido absolutamente incapaz de derrotarle? Vamos hombre. Digan lo que digan las encuestas ahora (a estas alturas, y con la nominación aún no oficialmente cerrada, son irrelevantes), lo que ha hecho Obama es absolutamente increíble. Algunos chiflados decían con la boca pequeña en enero del año pasado que el tipo tenía madera de genio, y que el milagro era posible, cierto (me pongo la medallita), pero el mérito sigue siendo enorme.

La elección de McCain para los republicanos parece, vista en perspectiva, menos sorprendente: realmente era el menos malo de los candidatos para ellos. Huckabee era un candidato horrible para las generales; Giuliani era demasiado liberal; Romney había cambiado de opinión demasiadas veces; y Fred Thompson era un vago. McCain, con sus problemas (viejo, errático, "rebelde") era la mejor opción.

En fin, turno de preguntas sobre las primarias ahora, como fin de fiesta. Si no media catástrofe, dos artículos más (respuestas variadas y muerte oficial de Hillary, con conclusiones y datos finales) y pasamos a hablar de las generales. Ahora es cuando empieza la fiesta de veras.

A todo esto, ya que estoy con medallitas. Obama no trató a los votantes como idiotas con la estupidez de las vacaciones fiscales, algo que parece haberle funcionado en estas últimas primarias. Aún resultará que acierto de vez en cuando, aunque sea por puñetera casualidad.