O al menos eso es lo que piensa el Gobierno nacionalista vascongado, ya que en las convocatorias de empleo de la sanidad vasca se puntúa cuatro veces más (dieciseis puntos) el saber euskera que el tener un doctorado (cuatro puntos). Con ello, se valoran más las aptitudes comunicativas del médico que su ciencia, a pesar de que, por ejemplo, en Álava donde resido sólo el cuatro por ciento de la población sea vascohablante activa. ¿Ustedes lo entienden? Yo no. Y miren que hago esfuerzos por comprender esa magia que está implícita en el euskera para resolver los problemas de la humanidad.
De esta guisa, resulta que los egresados de las facultades de medicina optan por plazas ofertadas por las comunidades limítrofes al paisito donde vivo (Euskadi versus Euskalherria) incluso se van a trabajar al extranjero. Como consecuencia de ello faltan especialistas como pediatras, anestesistas etc y hay que contratar a médicos extranjeros (de fuera de España, se entiende), a los que no se les exige euskera. ¿Ustedes lo entienden? Yo no. Será porque soy tonto.
Llegará el día en que los ciudadanos vascos tengamos que ir a un ambulatorio de Cantabria o de la Rioja, o matriculemos a nuestros hijos o nietos en escuelas de idem para poder curarnos el cuerpo, el alma, o posibilitar que nuestros pupilos no sean analfabetos funcionales. Pero mientras tanto, un matasanos de cualquier parte del mundo, independientemente de su capacitación médica, podrá ganarse la vida en un hospital o ambulatorio vasco con sólo demostrar su especialidad, mientras que un indígena vasco que se haya especializado, o hecho másters o doctorados, se verá relegado por cualquier aspirante que haya pasado por un euskaltegui, mejor si es de la rama sabiniana pues ello da mucho pedigrí autóctono. Así de paso se favorece el empleo de los euskaltzales.
Y de esto les puedo hablar por experiencia, se lo aseguro. Yo mismo que me doctoré “cum laude”, que he hecho un master que me costó mi pasta gansa igual que todos los títulos que poseo, cuyo esfuerzo económico ha emanado de mi peculio particular, además de muchos años de dedicación a mi perfeccionamiento y desarrollo profesional, amén de publicaciones, libros, etc, me veo al finalizar mi carrera profesional en el ostracismo más puro y duro. Pues a mis efectos de promoción no me han servido para nada. Sigo en el cuerpo de maestros, que es una forma muy honrosa de terminar mi trayectoria laboral. Sin embargo les puedo asegurar que los contados intentos que he realizado para acceder a la universidad o ascender a un cuerpo superior (en rango) de la enseñanza no universitaria han resultado baldías. En todos los casos el saber euskera era condición inexcusable. Y yo que soy alavés por los cuatro costados y que tengo el baldón de no haber sido euskaldunizado por mi linaje familiar, me veo apartado por razones de lengua, cosa que choca (eso creía yo cuando confiaba en las garantías constitucionales) con el espíritu y el contenido del artículo 14 de la Constitución Española que preserva la esencial igualdad de todos los españoles. ¿Ustedes lo entienden? Yo no.
Espero que lo comprenda el partido socialista, o los sindicatos que dicen defender a los trabajadores, que en eso de la igualdad suelen esgrimir banderas que se quedan en lo exclusivamente simbólico.

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