La ecología como ciencia es respetabilísima y como movimiento social puede aportar beneficios para el futuro de la humanidad. Pero en este Occidente en decadencia por posmoderno y por ende relativista se ha instalado un movimiento ecólatra más que ecologista, que resulta ser extremista por participar del fundamentalismo ecológico y reaccionario por combatir directamente el progreso.
Lo lamentable es que está proliferando dentro del movimiento ecologista este retroecologismo, la mayoría de cuyos profetas son progres de salón, izquierdistas rococó, ecologistas de moqueta del tipo Al Gore, ese multimillonario que desde sus mansiones hollywoodienses y su jet privado lucha contra el cambio climático anunciándonos el apocalipsis, como si fuera el santón de una nueva religión, la 'Iglesia de Algore de los Santos de los Últimos Días'.
La mejor prueba de lo que algunos venimos denunciando hace tiempo es que ahora representantes del Fondo Monetario Internacional y de la ONU se han atrevido a decir lo obvio: que la estúpida política de potenciar y subvencionar los biocombustibles para reducir las emisiones de dióxido de carbono está provocando un encarecimiento descomunal de los alimentos puesto que los agricultores están cambiando cultivos de alimentos por cereales y oleaginosas como materias primas para biocarburantes, lo que si en Occidente provoca una inflación que nos agudiza la crisis económica, en el tercer mundo sencillamente provocará hambrunas ya olvidadas. La mojigata y moderada ONU habla directamente de que la producción de biocombustibles es un crimen contra la humanidad y puede provocar en breve más de cien millones de seres humanos muertos por hambre.
Los talibanes son el cáncer de la humanidad en cualquier ámbito de la vida, sea en el religioso, en el político o en el ecológico. Pero lo peor es esta sociedad alelada de progres de salón, pacifistas de subvención y ecologistas de moqueta que les hace caso de forma embelesada.
Lo lamentable es que está proliferando dentro del movimiento ecologista este retroecologismo, la mayoría de cuyos profetas son progres de salón, izquierdistas rococó, ecologistas de moqueta del tipo Al Gore, ese multimillonario que desde sus mansiones hollywoodienses y su jet privado lucha contra el cambio climático anunciándonos el apocalipsis, como si fuera el santón de una nueva religión, la 'Iglesia de Algore de los Santos de los Últimos Días'.
La mejor prueba de lo que algunos venimos denunciando hace tiempo es que ahora representantes del Fondo Monetario Internacional y de la ONU se han atrevido a decir lo obvio: que la estúpida política de potenciar y subvencionar los biocombustibles para reducir las emisiones de dióxido de carbono está provocando un encarecimiento descomunal de los alimentos puesto que los agricultores están cambiando cultivos de alimentos por cereales y oleaginosas como materias primas para biocarburantes, lo que si en Occidente provoca una inflación que nos agudiza la crisis económica, en el tercer mundo sencillamente provocará hambrunas ya olvidadas. La mojigata y moderada ONU habla directamente de que la producción de biocombustibles es un crimen contra la humanidad y puede provocar en breve más de cien millones de seres humanos muertos por hambre.
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Los talibanes son el cáncer de la humanidad en cualquier ámbito de la vida, sea en el religioso, en el político o en el ecológico. Pero lo peor es esta sociedad alelada de progres de salón, pacifistas de subvención y ecologistas de moqueta que les hace caso de forma embelesada.

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