Como no podía ser de otro modo, dado el tumefacto clima de liviandad intelectual, frivolidad política, anomia social y nadería cultural que vivimos, muchos han sido los que se han lanzado a resaltar la importancia simbólica que tiene el hecho de que el Príncipe Don Felipe, en Bilbao, pronuncie unas frases en euskera, pero para quien esto firma el gesto del Príncipe solamente fue más bien una mueca grotesca y un mohín caricaturesco e innecesario.
Supongo que el Príncipe pronunció esas palabras en euskera intentado transmitir su reconocimiento al hecho de que el vascuence es uno de los idiomas que forman parte del Estado español pero de comportamientos como el que ayer llevó a cabo Don Felipe, lo que el ultranacionalismo vasco concluye es que el euskera es un idioma que se sitúa en un mismo plano de igualdad con respecto al castellano. Consecuentemente, la ecuación y el planteamiento que inmediatamente realizan los teóricos del nacionalismo vasco radical, el que tan bien está representado por personajes fanáticos e integristas como el Lehendakari Ibarretxe, Miren Azkarate, Joseba Azkarraga y tantos otros, es el siguiente: a igualdad en los idiomas, igualdad en los Estados o, lo que es lo mismo, el Estado vasco de Juan José Ibarretxe tiene todo el derecho a plantear una negociación de "igual a igual" con el Estado español, en este caso representado (mal) por el Príncipe Felipe.
A estas alturas de nuestra historia, todos deberíamos saber que en el Estado español se hablan varias lenguas, pero también todos deberíamos saber que la única que se habla en todo el país, y que todo ciudadano de esta democracia tiene el derecho y la obligación de conocer, es el castellano. (Artículo 3.1 de


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