Los Príncipes Don Felipe y Doña Letizia estuvieron presentes ayer en un seminario que se celebraba en el Museo Guggenheim de Bilbao alrededor de la figura de Diego María de Gardoqui y Arriquibar, un hábil e inteligente comerciante y diplomático bilbaíno que vivió entre 1735 y 1798 y que fue el primer embajador de España en los Estados Unidos.

En su intervención, Don Felipe pronunció muy correctamente unas palabras en euskera, con las que reconoció el trabajo realizado por "todas las personalidades de esta tierra cuyos valores y virtudes han engrandecido al País Vasco y, con él, a toda España."

Como no podía ser de otro modo, dado el tumefacto clima de liviandad intelectual, frivolidad política, anomia social y nadería cultural que vivimos, muchos han sido los que se han lanzado a resaltar la importancia simbólica que tiene el hecho de que el Príncipe Don Felipe, en Bilbao, pronuncie unas frases en euskera, pero para quien esto firma el gesto del Príncipe solamente fue más bien una mueca grotesca y un mohín caricaturesco e innecesario.

Supongo que el Príncipe pronunció esas palabras en euskera intentado transmitir su reconocimiento al hecho de que el vascuence es uno de los idiomas que forman parte del Estado español pero de comportamientos como el que ayer llevó a cabo Don Felipe, lo que el ultranacionalismo vasco concluye es que el euskera es un idioma que se sitúa en un mismo plano de igualdad con respecto al castellano. Consecuentemente, la ecuación y el planteamiento que inmediatamente realizan los teóricos del nacionalismo vasco radical, el que tan bien está representado por personajes fanáticos e integristas como el Lehendakari Ibarretxe, Miren Azkarate, Joseba Azkarraga y tantos otros, es el siguiente: a igualdad en los idiomas, igualdad en los Estados o, lo que es lo mismo, el Estado vasco de Juan José Ibarretxe tiene todo el derecho a plantear una negociación de "igual a igual" con el Estado español, en este caso representado (mal) por el Príncipe Felipe.

A estas alturas de nuestra historia, todos deberíamos saber que en el Estado español se hablan varias lenguas, pero también todos deberíamos saber que la única que se habla en todo el país, y que todo ciudadano de esta democracia tiene el derecho y la obligación de conocer, es el castellano. (Artículo 3.1 de la Constitución española: 1. "El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla.")

 El Príncipe Felipe es muy considerado con los ultranacionalistas vascos pronunciando unas palabras en euskera, pero que lo hoy se necesita en Euskadi son muestras de afecto, de cercanía y de respeto no hacia los independentistas que constantemente jalean a los proetarras, sino hacia todos los hombres y mujeres de Euskadi que, un día tras otro, están defendiendo los valores de la libertad, la tolerancia y la modernidad en esta tierra infame, inhóspita y desagradable para los demócratas y para quienes aún creemos en las instituciones manadas de la Constitución española de 1978. Todos esos hombres y mujeres, lo que esperan cuando van a ver o a escuchar a los Príncipes, es que éstos muestren guiños de proximidad y cariño hacia ellos, y no hacia quienes, entre otras cosas, siguen considerando que "España es el enemigo a batir".

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