Hoy, en mi recorrido habitual desde el Instituto donde desarrollo mi actividad pedagógica a mi hogar una señora que no conozco de nada me ha abordado. Con lágrimas en los ojos me ha transmitido su impotencia como madre. Me decía que no entiende cómo siendo alavesa, sin nadie en sus ancestros más próximos que hayan conocido el euskera, se le obliga a su hijo de corta edad a aprender sus primera letras en una lengua que no es la propia. Que no comprende cómo se puede hacer tal atropello, pues como madre no podrá ayudar a su hijito en las tareas escolares. Que ella no tiene la culpa de que sus padres y abuelos no supieran hablar euskera pues el entorno cultural en Álava es castellanohablante desde siglos atrás. Me preguntaba, por conocer mi posición al respecto y mi trayectoria, cómo se puede abordar un problema de esta naturaleza e impedir la consumación de una decisión de los nacionalistas en la que ponen por encima de los intereses de los niños las estrategias de poder del nacionalismo vasco.
Me he quedado sobrecogido y no he sabido qué decirle, puesto que la maquinaria totalitaria de quienes tienen como horizonte la independencia del País Vasco despreciando los derechos de los ciudadanos sigue con una dinámica de tierra quemada. No le quería transmitir mi impotencia, mi convicción de que la incapacidad para la empatía de quienes tienen como proyecto político una idea totalitaria hace estragos sea cual sea el sufrimiento de los ciudadanos. Precisamente estos días atrás una madre perteneciente a la Plataforma para la libertad de elección lingüística que ha surgido hace unos pocos meses para la defensa de la lengua materna en la enseñanza, me decía que tira la toalla, que ha decidido irse del País Vasco, pues no está dispuesta a que se juegue con su hijo para los experimentos de la construcción nacional.
Esta semana pasada la portavoz parlamentaria de Eusko Alkartasuna, partido al que representa el actual Consejero vasco de Educación, argumentaba para defender el planteamiento de imposición del euskera como lengua prioritaria en la enseñanza (más bien exclusiva), que hasta los negros ganan concursos de bertzolarismo, como si ser negro fuera una condición de inferioridad. Esa persona con epidermis de rinoceronte para sentir el dolor ajeno desconoce que los titulares de los derechos son los ciudadanos, las personas individuales, y que son los padres quienes tienen la legitimidad para decidir qué tipo de educación quieren para sus hijos, por encima de las lenguas o de los territorios que no son sujetos de derecho..
Para impedir que prosperara la iniciativa parlamentaria del PP, con el apoyo del PSE, para que se respetara la libertad de opción lingüística y la cooficialidad en igualdad de condiciones el castellano y el euskera, los nacionalistas llamados moderados se han valido de los escaños de los proetarras en el Parlamento Vasco que no pierden ocasión para avanzar en los procesos independentistas.
Es un verdadero drama que la escuela y los procesos educacionales estén a merced de las estrategias nacionalistas y que los derechos de las personas, y sobre todo los derechos de los niños que son los afectados indefensos de estas decisiones abusivas, estén subordinados a las estrategias de partidos que tiene la obsesión nacionalista. Algo falla en el sistema político español cuando esto pasa con impunidad sin que nadie adopte soluciones ni ponga remedio.
La Historia pedirá cuentas de este tipo de vulneraciones de los derechos humanos.

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