Muchas veces hemos denunciado cómo en la España actual las ideologías habían invertido su visión del Estado igualitario. De siempre ha sido la derecha tradicionalista la defensora de los privilegios localistas, casi siempre unidos a los caciques locales, a los clérigos trabucaires y a los 'lobbies' regionales, y la izquierda ilustrada la valedora del igualitarismo territorial. Ahí están los carlistas del siglo XIX frente a los liberales, y la CEDA, la Confederación Española de Derechas Autónomas, frente a la izquierda de los años treinta. Bien es cierto que también ha habido derechas unitarias e izquierdas confederalistas.
Naturalmente pasaba y pasa lo mismo en los países de nuestro entorno. En Italia ahora mismo tenemos a la derecha de Berlusconi coaligada con los separatistas de la sedicente Padania (la rica Italia del Norte) defendiendo un Estado cuasi-confederal, frente a una izquierda igualitaria que aboga por el mantenimiento -o recuperación- de la unidad italiana en los pilares del Estado de derecho como son la Educación, la Seguridad Social, la Financiación y la Justicia.
En cambio en España la izquierda posmoderna del multiculturalismo y el confederalismo, que en otros países aflora tan sólo en los partidos 'verdes' o en comunistas y anarquistas disfrazados de antiglobalizadores, ha resultado hegemónica en el PSOE, y ello ha conducido a la inversión ideológica ya comentada. Como reacción ante la deriva zapaterina, el PP acabó echándose en brazos de la defensa igualitaria de los ciudadanos.
Pero parece que tras la segunda derrota de los conservadores el ciclo se agota, y que Mariano Rajoy ha debido de columbrar que para recuperar el gobierno de España debe defender los privilegios neofeudales, aunque se rompa la igualdad y la solidaridad de los españoles. Y sobre todo pactar con los nacionalistas para alcanzar la próxima vez la Moncloa. Porque sociológicamente es así, buena parte de la derecha tradicionalista y confesional del País Vasco y Cataluña vota al PNV y a CiU, y por eso en estas regiones el PP es minoritario.
"Madrid bien vale una confederación" ha debido de pensar el líder 'popular', y se ha echado en manos de sus barones regionales. Y ahí ha sido el llanto y el crujir de los pocos liberales y de los conservadores defensores de la igualdad ciudadana que existen en el PP, y la algazara y la toma del poder interno de los barones neofeudales, Camps desde Valencia, Arenas en Andalucía, Núñez Feijoo desde Galicia y Valcárcel en Murcia.
Pues bien, entre un PSOE confederalista y un PP 'neocedista', cada vez se ensancha más el camino de los ciudadanos que defendemos la igualdad de todos los españoles ante la ley, la tercera vía, la que levanta la bandera de la tercera España, la que no busca los votos fáciles ni el poder por el poder, sino la unión, el progreso y la democracia: el partido de la flamante diputada en Cortes Rosa Díez, la UPyD, una fuerza liberal pero progresista, progresista pero liberal.

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