En las últimas semanas en el País vasco se suceden una serie de acontecimientos que nos revelan la valentía y el coraje que algunas mujeres arrojan allí.

Así hemos visto a Itziar Lamarain, única concejal del Partido Popular en el Ayuntamiento de Mondragón, dónde ha planteado una moción de censura para expulsar del mismo a la alcaldesa de ANV, por negarse ésta a condenar el atentado terrorista que acabó con la vida de Isaías Carrasco; como decíamos, hemos visto a Itziar enfrentarse con los pro-etarras, sin tapujos, provocando que todos, y decimos todos,  tomen postura.

Hay que resaltar que los socialistas, es decir, los compañeros del asesinado, se ausentaron para evitar la escenificación de votar en contra la moción de censura o abstenerse. Al finalizar el pleno, la policía autonómica vasca le ofreció a Itziar la posibilidad de salir del Ayuntamiento por la puerta de atrás a lo que Itziar contestó "saldré por la puerta principal, entre la gente".

Pasados unos días, en la sede del Parlamento vasco se celebró un acto homenaje a Gregorio Ordoñez, concejal popular asesinado por ETA. En dicho acto, su viuda, Ana Iribar, constata que el Lendakari, es decir, el Presidente del Gobierno Vasco- en teoría, presidente de todos los vascos-, está ausente. ¡Otra vez! la ausencia como actitud cobarde, mezquina y vil de aquellos que ni siquiera son capaces de dar la cara.

A Ana, una mujer que tuvo que enfrentarse a la dolorosa experiencia que representa responder a su hijo, de tan sólo cuatro años, cuando éste le solicitó “¡dime de una vez cómo se murió papá!”, no  le vaciló el ánimo a la hora de pedir a la Presidenta del Parlamento vasco que traslade al lendakari su “más sincero desprecio por su deslealtad, hipocresía y por la cobardía con la que actúa en contra de la memoria misma de Gregorio Ordoñez, en contra de los principios democráticos que son los míos y los de miles de ciudadanos”.

Ante tanto valor, ante tanta gallardía, ante tanto arrojo, algunos sólo son capaces de responderles con la más miserable, innoble y ruin de las ausencias. ¡Qué diferencia!, ustedes mismos comparen.

Itziar Lamarain habla en el Ayuntamiento de Mondragón

Ana Iribar denuncia la hipocresía de Ibarretxe