No se lo van a creer, pero ya han nacido las primeras galletas nacionalistas vascas. Se llaman “Lauburutxo” y han comenzado a comercializarse por la pastelería industrial guipuzcoana “Lekuona”. Las nuevas galletas en cuestión no solamente cumplen con las más recientes exigencias de los consumidores y de los mercados en lo que hace referencia al comer sano sino que, además, en este caso también cumplen con las exigencias políticas del ultranacionalismo vasco dominante. Para ello, para ser las primeras galletas del mundo políticamente correctas, las pastas que comentamos llevan marcado el flamante dibujo de un “lauburu”. El lauburu es el nombre que se da en euskera a la esvástica curvilínea de presuntos orígenes celtas que, en Euskadi, ha sido adoptada por los nacionalistas para representar lo que ellos entienden como los ¿cuatro territorios? vascos existentes al sur de los Pirineos: Guipúzcoa, Vizcaya, Álava y Navarra.

Ya ven cómo están las cosas en la comunidad autónoma de Ibarretxe I, el Iluminado: hasta las pastas han de mostrar un grado suficiente de vasquidad, de euskocasticismo y de nacionalismo para que alguien quiera hincarles el diente. No sé, de verdad, qué es lo que pensarán ustedes de todo esto, pero pueden imaginarse cómo es el ambiente en este territorio en el que hasta una simple e inocente galleta ha de hacer gala de su pertenencia a la patria nacionalista. Y es que, supongo, que lo de “lauburutxo” no es, solamente, una cuestión de estética, ya que hay cientos de motivos ornamentales, muchos más interesantes que un “lauburu”, que pueden incluirse en un simple bizcocho para que éste luzca mejor en los mostradores. De hecho, no hay que olvidar que el “lauburu” como forma geométrica, y a pesar de sus rimbombantes orígenes célticos, puede producir cierto desprecio y repulsión por su enorme parecido con la esvástica, que también tiene sus orígenes en los confines de la historia. También puede ser que esta sensación de repelús no se produzca en Euskadi donde, salvando las distancias, un día sí y otro también vivimos sucesos que nos recuerdan demasiado a la Alemania nazi. Y digo yo que, viviendo donde vivimos, a los diseñadores de semejante virguería gastronómica se les podía haber ocurrido colocar en las galletas el dibujo de una paloma de la paz, la flor símbolo de las víctimas vascas del terrorismo, el lazo insignia de la resistencia contra el terrorismo o, incluso, en su versión menos comprometida, una representación de la barandilla de La Concha. Pero ya ven cuál es el trazo elegido: un “lauburu”.

En fin, que ya estoy viendo el futuro de los mostradores (lineales, tal y como se dice ahora) de galletas en los supermercados vascos, cargados de apetitosos dulces decorados con ikurriñas, con caricaturas altivas de Sabino Arana, con mapas perfilados de las “siete provincias vascas”, con dibujos del árbol de Guernica o, quizás, con el rostro profético y elegido del Lehendakari Juan José Ibarretxe. Al final, veremos a las tradicionales María convertidas en sabrosas galletas “Maritxu”, a las pastas Chiquilín travestidas en las muy vascófilas “Txikilines” y a las conocidas Virginias rebautizadas como “Birginias”. Tiempo al tiempo.