En tiempos de Aznar I, el gran líder cósmico del PP que capitaneó el fallido giro al centro de las huestes de la gaviota rampante, su ministro de agricultura y otros atropellos aseguró que el Plan Hidrológico Nacional se aprobaría siguiendo el procedimiento testicular tan de moda por aquellos tiempos afortunadamente ya pasados, y siendo cierto que el negro vaticinio de Arias Cañete – triste remedo hispánico de Nostradamus – se cumplió lo hizo de aquella manera, ya que el Gobierno de Z, que por aquel entonces se hacía llamar Zapatero, derogó por la misma vía escrotal el trasvase del Ebro. De esta manera tan peculiar pero endémica en la tradición política hispánica la distribución racional de los recursos hídricos se convirtió en caballo de batalla política entre la derecha ultramontana del PP y la civilizada del PSOE, de tal manera que el PP se apropió también (además de la bandera y la constitución) de la propiedad intelectual de los trasvases, dejando al PSOE en un callejón sin salida del que tuvo que huir, como de la peste, argumentando vaguedades sobre informes de intelectuales a sueldo que incluía un delirante plan de desalación del agua del Mediterráneo y de plan de ahorro y uso racional de la escasez. Entre los unos y los otros, como decía mi abuela, “la casa por barrer”.
El País Valenciano – y seguramente otros lugares que no nos son obviamente ajenos – sigue sumido en una pertinaz sequía que consume y agosta nuestros recursos y lastra nuestro desarrollo socio-económico, amenazando nuestra supervivencia. El desierto avanza cada vez a mayor velocidad, alimentado por el imparable cambio climático, la indolencia de nuestros gobernantes y el empecinamiento irracional del Gobierno de España. El ejecutivo de Z, antes ZP y mucho antes Zapatero, se ha empeñado en que no se lleve a cabo el trasvase del Ebro y su empecinamiento llega a tal punto que es oír juntas las palabras “trasvase” y “Ebro”, ya sea en Cataluña y por boca de Montilla, y saltan todas las alarmas habidas y por haber en Moncloa. En el País Valenciano, el PP indígena vive de las rentas de la reivindicación del trasvase y va camino de eternizarse en la mayoría absoluta, el PSOE local vive de la fagocitación del electorado de la izquierda – siempre tan ingenuo – y la izquierda, ausente, nadie la espera porque no da señales de vida. Ya sabemos, porque es cierto y muchos informes de expertos así lo atestiguan, que el trasvase del Ebro es caro, producirá un impacto medioambiental no desdeñable y por sí mismo no solucionará los problemas hídricos del país, y que por lo tanto deberá ser complementado por otras medidas, como la implementación de un plan de aprovechamiento sostenible de un recurso escaso como es el agua y la construcción de una red de desaladoras racional y comedida. Pero más impacto medioambiental producirá el advenimiento del desierto y más devastadora será su influencia en el sistema económico; mayor será el impacto medioambiental de las desaladoras sobre un Mediterráneo agonizante y sobreexplotado, y mayores serán los costes de unas plantas de desalación que requieren de una fuerte inversión y cuyos efectos vamos a llamarlos “beneficiosos” no tendrán lugar ni en el corto ni el medio plazo; y mayor será el coste y peores sus efectos medioambientales de una gestión del agua que pasará – ya está pasando en la cuenca del Segura – por el chalaneo y el estraperlo, como en la posguerra.
Sabemos que el trasvase del Ebro no es la panacea, ni única solución a los problemas hídricos del país, además es caro y medioambientalmente dañino, pero no lo olviden, peor es no hacer nada en el corto y medio plazo, que el desierto viene “pegando fuerte” por el sur y ése sí que tiene un impacto medioambiental duro e irreversible, que obviamente lleva aparejado un impacto socio-económico devastador, que nos conduce a la ruina y que nos trae las caravanas de camellos, guiadas por los hombres azules del desierto, entre el erial de un paisaje dunar de postal de película. Las desaladoras, el uso sostenible de los recursos hídricos y los trasvases entre las cuencas fluviales, son el camino que debemos recorrer para salvar nuestro ecosistema, nuestro sistema socio-económico y nuestra población. Y cuanto antes entendamos que esto es así en la medida en que las argumentaciones a favor y en contra del trasvase del Ebro al País Valenciano son pura y estrictamente políticas, menos sufriremos, menor será el impacto medioambiental y menores serán los efectos sobre el sistema socio-económico.


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