El Imperio contraataca y don José Bono, ex ministro de defensa de España y conocido por su nacionalismo español - ¡ay! Perdón, que se dice “patriotismo” – de carácter centralista y castellano, quiere ser su Darth Vader particular. Este jedi del lado oscuro de la fuerza ha encendido su espada láser que ha tomado forma de guía de teléfonos de Madrid - ¡ay! Perdón, Madriz – como arma de destrucción masiva contra los pérfidos nacionalistas “periféricos” que quieren romper su bienamada patria. Don José Bono quiere atizarnos con la guía de teléfonos directamente a la cabeza de alcornoque que piensa que tenemos, encabezonado con aquello del rompimiento de España y su Imperio donde nunca se pone el Sol, o lo que sea. Dice este adalid del españolismo más rancio, heredero del franquismo sociológico, que quien quiera esgrimir su diferencia como justificación para obtener “privilegios” recibirá un golpe de guía telefónica de Madrid como pago de su osadía intolerable. Lo que pasa es que lo que no tiene límites es su demagogia recalcitrante, porque precisamente en la guía telefónica de Madrid se encuentra el ejemplo más evidente de la desigualdad, la asunción de privilegios injustificables y el uso y abuso de la diferencia para justificar la existencia de una ciudad y de una Comunidad Autónoma a costa de los impuestos del resto de Comunidades Autónomas de España, sin ninguna contraprestación, por el mero hecho de ser “capital del Imperio”, una especie de “Estrella de la Muerte”, ustedes ya me entienden.
Señor Bono, Madrid – y su particular España centralista – ya nos han atizado bastante con la guía telefónica como para que se haya hecho callo y la zona no sufra dolores por los golpes de guía – por muy gorda que sea y por muchos “García” que haya – a los que ya nos hemos acostumbrado. Madrid y su guía telefónica, señor Bono, está porque nosotros, los valencianos y las valencianas – como el resto de pueblos del estado – la hemos pagado, y bien pagada – y la seguimos pagando, señor Bono – cosa que, si no le sabe mal nos concede el “privilegio” de que, por lo menos, nos lo agradezcan como toca, es decir, con respeto y sin “chulería” a ser posible, gracias. Y dicho esto, señor “españolazo”, le informo de que el pueblo valenciano tiene sus señas de identidad bien diferenciadas del resto de pueblos peninsulares como para que podamos reclamar el reconocimiento que sin duda nos merecemos como nacionalidad, lo que no es ningún “privilegio” sino “justicia”, que es otro concepto, que no sé si usted contempla pero que en todo caso está y bien patente. Y este reconocimiento como pueblo nacional, que nos otorga el derecho a decidir nuestro futuro en libertad y sin ingerencias, nos habría de salvar del ataque del iracundo señor de la guía telefónica de Madrid si no fuera porque allí, en Madrid, en la capital del Imperio, donde se decide – eso no debe de ser ningún “privilegio”, claro – el futuro de todos y todas, pues allí digo no tenemos representación nacional sino simplemente “aprietabotones” a sueldo de los partidos nacionalistas españoles, lo que nos hace invisibles y nos convierte en simples (y tontos) “paganos”, que sufragamos los gastos que sean menester para el sostenimiento de una gran ciudad donde en circunstancias normales sólo habría desierto.
Yo me acuerdo de cuando Lizondo hizo el gesto histriónico e histórico de poner una naranja en el Congreso de los Diputados en Madrid y si bien es cierto que este hombre no era santo de mi devoción – ¡Quién me lo iba a decir! – ahora lo echo de menos ante la apatía generalizada de los diputados y diputadas que elegimos en el País Valenciano por los dos grandes partidos nacionalistas españoles. Y qué envidia les tengo a los pueblos: vasco, gallego y catalán, que si tienen representación en el Congreso y posiblemente ésta será determinante para el Gobierno de España. El Pueblo Valenciano quedará cuatro años más como un pueblo invisible, desconocido, cuyos derechos se mantendrán escondidos en algún cajón olvidado, cubriéndose de polvo, durmiendo bajo el peso de la guía telefónica de Madrid, que nos ahoga poco a poco condenándonos a la periferia de un “alegre levante español” de “meninfots” despersonalizados consumiéndose en su propia indiferencia. Sea pues lo que el pueblo mande, que para eso es soberano, o eso dicen, siempre que no aparezca Darth Vader con su guía telefónica de Madrid para aplastarnos la cabeza. Pese a todo, grito a pleno pulmón: Visca el Poble Valencià!

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