Hoy, domingo de Resurrección, se celebra el Aberri Eguna, que en versión traducida a mi idioma materno vasco significa “Día de la Patria Vasca”.  En realidad, en sus orígenes y hoy mismo, es sólo la fiesta de los nacionalistas, pues fue inventada por Sabino Arana como celebración con connotaciones independentistas. Por eso podría decirse que no es la fiesta de los vascos, sino la del PNV en sus diferentes variantes y ramas escindidas del partido aranista.

Es triste para un vasco que le sitúen en el extrarradio de las efemérides y onomásticas. Si es que yo, como alavés descendiente por vía legítima o bastarda de la primera casa nobiliaria de Álava, lo soy, que a veces me entran algunas dudas. Línea que procede de los condes de Oñate (los Guevara que adquirieron el apelativo de Ladrón porque –según dicen las crónicas- “un caballero del linaje de los Guevara encontrando muertos, por los moros, al rey de Navarra, Don García Iñiguez, y a su mujer la reina doña Urraca Jiménez, infanta de Aragón, que estaba embarazada y, por la herida, salía la manita del niño que llevaba en las entrañas salvó a este y lo mantuvo oculto hasta que fue nombrado rey. Por lo cual añadieron a su apellido, como honrosa distinción, el apodo "Ladrón" llamándose desde entonces Ladrón de Guevara”). En América latina se conserva el apellido íntegro “Ladrón del niño de Guevara”. Aunque fuera una mera epopeya lírica parece que algún arraigo vasco-navarro tengo, y mi apellido está escrito en un castellano latino sin parangón. Cito esto porque estoy hasta donde se producen los espermatozoides de que me llamen antivasco. Y me lo dicen gilipoyas que lo único que pueden esgrimir para alardear de vasquismo es balbucear cuatro tópicos en euskera y conocer la ruta de los bachoquis (para los no versados en la materia, tascas donde abundan lo soportes andantes de las boinas). 

Pues bien, por consecuencia de tanto mamón que ha dejado paso libre a payasadas instituidas como norma oficial, el día de la patria vasca es el día de los nacionalistas, el himno de la patria vasca es el himno de los nacionalistas, la bandera de la patria vasca es la bandera de los nacionalistas, el grupo vasco en las Cortes Generales es el grupo de los nacionalistas, el chistu y el tamboril, el zortziko y hasta las bellas canciones que entonábamos tras una buena cena o festejo en mis tiempos chicos han sido apropiadas por los nacionalistas; nuestras conciencias, costumbres modos de vida y sentimientos se los han quedado como propios los nacionalistas, y los demás nos hemos convertido en meros pegotes, en aditamentos de un escenario vasco donde quien no es nacionalista parece pertenecer al mundo de las estatuas de sal de Sodoma y Gomorra.

En su concepción original el PNV estaba orientado para no ser  un partido sino una Comunidad donde se representara el pueblo vasco, y de esta guisa era la propia estructura del partido la que traducía la organización política abertzale, es decir de los vascos en su conjunto. Idea totalitaria de entre las mejores que hubiera.

Por eso me cago en ese enfoque pues tiene en sí el germen antidemocrático en su más honda expresión, tal como lo dejó inequívocamente reflejado Sabino Arana en sus obras escritas que eran el antecedente más claro del Mein Kampf de Hitler, aún en el caso de que no hubiera ninguna conexión ideológica entre ambas concepciones que en su traducción escrita son como calcos.

Por eso se celebra hoy una fiesta de la que como vasco aborrezco, pues no es la fiesta de los vascos, sino de unos usurpadores que me roban mi condición y esquilman el pluralismo y la diversidad que debiera estar plasmada en toda la colectividad vasca si fuera moderna y si fuera democrática en realidad.

Pero algo está ocurriendo cuando en el PNV se está produciendo una convulsión tras la deriva hacia la pérdida escalonada de apoyos electorales. Si Imaz se vio forzado a dimitir por intentar  superar esa idea carpetovetónica que aún perdura desde el siglo XIX en ese partido, ahora conviven otras dos expresiones en la confusión, como siempre que han sucedido diferentes escisiones: la de Urkullu, teóricamente más moderada aunque yo la calificaría como más posibilista, y la de Eguibar, heredera de del “pata negra” del nacionalismo, el Sr. Arzallus, que apuesta por continuar la marcha hacia la redención colectiva del pueblo vasco en la búsqueda de la tierra prometida en la Pascua de Resurrección, tal como concibió la ideología nacionalista su fundador: la purificación de la raza a través de la cosmovisión católica, lo que es una mezcla ciertamente explosiva.

Es lo que tenemos gracias a los paniaguados que lo han permitido, creyendo así que admitiendo su condición de maquetos iban a dominar por la razón a la quienes no creen en ella.