El universo está en un equilibrio permanente, desde nuestro Sistema Solar con el astro rey en el centro, pasando por el resto de la Galaxia Vía Láctea o Camino de Santiago, las galaxias cercanas, las lejanas... todo está en un dinámico orden, en un equilibrio inestable. De existir grandes desequilibrios, partes del universo se colapsarían bruscamente porque los astros más grandes, cuyas mayores masa y densidad generan mayor atracción gravitatoria, ejercerían de potente imán contra los más pequeños. La velocidad de expansión del universo está frenada por la atracción de unos astros sobre otros, y viceversa: el colapso está frenado por la expansión. Incluso, en palabras de Michio Kaku, si se hubiese alterado mínimamente uno sólo de los parámetros iniciales, si hubiese existido un equilibrio absoluto entre materia y antimateria, partícula y antipartícula, el universo jamás hubiera nacido. Afortunadamente alguien (¿Dios?) decidió poner un poquito más del polo positivo —la diestra— que del negativo —la siniestra— con lo que posibilitó la creación y evolución de todo (no era tan difícil). De invertirse la tendencia ahora mismo, el universo entero se colapsaría de nuevo en un diminuto acúmulo de materia-energía, destruyéndonos inexorablemente.

Lo mismo ocurre a escala atómica y en el resto de los sistemas inertes o vivos del universo. Eliminar los lobos del Parque Nacional de Yellowstone produjo una superpoblación de herbívoros y una consecuente rápida disminución del alimento que terminó por amenazar con su extinción presas de desnutrición y enfermedades y la del parque. La solución fue restaurar la naturaleza tal como ella misma se desarrolla libremente: restituir al lobo a su hábitat para que ejerciese sus funciones de equilibrador natural alimentándose de los más débiles o enfermos. Igual ocurre si se pretende hacer jugar a las categorías alevines con la primera plantilla del Real Madrid: ni fútbol, ni espectáculo, ni espectadores, ni retransmisión, ni nada de nada; el club colchonero necesita un polo opuesto de su altura para mantener vivo el sistema que posibilita su existencia.

Si seguimos utilizando los ejemplos de similitudes, nos metemos en el polémico asunto de la familia, que necesita —salvo rarísimas excepciones que en ningún caso pueden erigirse en norma¬— el equilibrio positivo/negativo que suponen un padre y una madre; la sociedad un equilibrio entre grupos de todo tipo, poblaciones, partidos políticos... una sana y natural oposición, danza de opuestos, de rupturas de equilibrios y reequilibrios constantes.

La derecha maricomplejines —Federico Jiménez Losantos dixit— española ha conquistado el centro político ni chicha ni limoná, por mucho que los de la siniestra hayan pretendido colgarle el sambenito de ultra. Es más, la ultrasiniestra se ha nutrido para conseguir el objetivo común de evitar el acceso del centro rajoyesco al gobierno de una siniestra aún más extrema, los secesionistas de ERC, IU y los Sozialista Abertzaleak (Nacional Socialistas en vasco) con el nombre que sea, por la coherencia con el espíritu y discurso de entrambos: anticristianos, antiespañoles, liberticidas, totalitarios, filoterroristas, salvajes, incultos, sectarios, socialistas...

¿Cuál ha sido el resultado de la tibieza de un Rajoy a quien la España actual no merece? Que el discurso natural de la extrema siniestra a fuer de divulgado y multiplicado día a día por los medios de comunicación se ha visto llevado a la cotidianeidad igual que antaño los asesinatos de la ETA (algo habrán hecho) o los desatinos diarios del bobo solemne y su trouppe. Se ha confundido con el paisaje. Intentar agredir a María San Gil, Dolors Nadal o Rosa Díez se ve con más indiferencia que los avatares de los concursantes en la casa de Gran Hermano o en la isla de los Supervivientes.

Por todo esto abogo con este artículo por la resurrección necesaria de una derecha y una ultraderecha democráticas firmes en sus convicciones, orgullosas de sus principios, sin complejines de mostrarse inequívocamente conservadoras, cristianas, franquistas, joseantonianas, batalladoras en los medios y la sociedad. Una resurrección que necesita verse apoyada por personas individuales, grupos y por el mundo empresarial. Una diestra y una extrema diestra que nos acostumbren a sus discursos y pataletas como nos hemos acostumbrado a los de la extrema siniestra, de los nacionalistas —recordemos que Arzallus aseguró que el PNV siempre había sido un partido de la siniestra, aunque realmente chaquetero y advenedizo como demostró en la Guerra Civil poniéndose en el lado del caballo ganador hasta que empezó a perder uniéndose traidoramente al que le adelantó— y demás patulea progre. Una diestra que lleve la preconstitucional bandera de España con el Águila de San Juan con el mismo orgullo que los siniestros ondean las igualmente preconstitucionales republicana y las secesionistas vasca y catalana. Una diestra que cante el Cara al Sol con el mismo derecho y mayor entusiasmo con el que cantan los siniestros el Eusko Gudariak o Els Segadors. Una diestra con medios de comunicación propios y afines como la siniestra extrema tiene sus púlpitos en El País y El Público, Cuatro, TVE, La Sexta, Telecinco, Canal , Localia, la SER y las autonómicas andaluzas, gallegas, catalanas y vascas para vocear sus arengas.

España ya tiene centro. Lo ocupan el tibio PP por el flanco derecho y UPyD por el izquierdo. Ya tiene una mayoritaria siniestra y extrema siniestra agrupadas en el nuevo Frente Popular vestido con la piel de cordero de siniestra moderada sociata de la sonrisa y la ceja. Pero no tiene derecha. Ahora hay que tirar de España hacia la diestra para ocupar el vacío. Y sólo pueden hacerlo ellos. Los muchos jóvenes y no tan jóvenes a los que se ha tenido callados hasta ahora, los miles de chavales que ya se manifiestan abiertamente de derechas en los Tuenti, Facebook, Youtube, MySpace... Aunque no comparta sus principios antiliberales igual que no comparto los de la extrema siniestra, España necesita devolver a los lobos a su hábitat natural para reestablecer el borreguil equilibrio y que mantenga a raya a las hienas más radicales y furibundas, que los relegue al lugar de la extrema siniestra que por derecho les pertenece.

¿Es el mío un discurso radical, utópico y peligroso? No. El Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen ejerció de tensor hacia la derecha en una Francia laicizada, siniestra, en claro retroceso, abocada al cataclismo. Y el resultado fue la asunción por parte de toda la sociedad de sus postulados suavizados pero firmemente y sin complejos, defendidos por Nicolas Sarkozy, lo que ha supuesto a Francia el retorno al liberalismo y a la senda del progreso.