Este pasado viernes me llamaron para que ayudara en la campaña de UPD para estas elecciones del próximo domingo. Igual hizo hace unos meses el Partido Popular en Álava.

Me he negado en uno y otro caso, sencillamente porque no tengo claro aún el voto que he de emitir en estas Elecciones. Por un lado coincido con todo el planteamiento ideológico y de fondo que UPD propugna. UPD y Ciudadanos (no sé por qué se presentan por separado) atacan a la raíz del problema, cual es el resolver de una vez el problema estructural que tiene España que no es otro que el déficit funcional del sistema constitucional y la necesidad de renovarlo para hacerlo efectivo. Coincido en que hay que potenciar más al estado, corrigiendo los problemas del sistema electoral que priva a los ciudadanos de ver reflejado en su justa expresión y proporción su voluntad, y resolviendo una división de poderes en este momento inexistente, para la regeneración que se necesita. Además me produce un malestar con consecuencias somáticas que el sistema bipartidista trate de anular en la práctica una opción electoral legítima como es UPD o CIUDADANOS, cada cual en su ámbito territorial. Ambos coinciden en lo básico con los planteamientos de reafirmación democrática y de fortalecimiento de la opción ciudadana como protagonista activa de la acción política más allá de un voto cada cuatro años desfigurado de forma implacable por el peso que el sistema electoral proporciona a aquellos partidos que todos sabemos que se declaran enemigos de España.

Pero, por otra parte, tengo una prioridad inaplazable como muchos otros millones de ciudadanos españoles cual es que Zapatero salga de la vida institucional, pues otros cuatro años con un personaje tan irresponsable, demagogo y populista, serán letales para España desde cualquier punto de vista que se mire. Los únicos que tienen posibilidades reales de salir elegidos en mi circunscripción electoral (Álava) son los del Partido Popular. Es decir, el único con posibilidades reales de desplazar a Zapatero y ocupar el Palacio de la Moncloa es Rajoy. Si bien, aunque será un presidente sin ningún género de duda mejor que Zapatero, que pondrá a España en una situación sustantivamente mejor de la que tendrá de seguir Zapatero, no supodría más que un parche en un barco que hace aguas de forma irremisible, pues el modelo ya está agotado. Gobierne quien gobierne, en el actual contexto de descomposición territorial y destrucción de los pilares de entendimiento constitucional, los problemas de fondo no van a cambiar; y se requiere una tercera vía que entre en el Parlamento para forzar un nuevo discurso y un debate sobre la resolución de los problemas estructurales en España.

Por eso no sé que votaré el próximo domingo. Si pienso con la razón práctica no me queda otra opción que la del PP, que es el único con opciones reales en la circunscripción en la que voto. Si pienso con perspectiva de tiempo buscando soluciones más allá de la próxima legislatura, tengo que votar a UPD, pese a que los votos que reciba no van a bastar para obtener representación en Álava.

Por eso me declaro uno de tantos indecisos que discernirá su voto el día de la reflexión.