Lo peor no es que en el País Vasco predominen los colaboracionistas con el nacionalismo radical dominante sino que lo más repugnante es que abunden los hombres y mujeres que no pierdan oportunidad de posicionarse públicamente al lado de los terroristas etarras. Recientemente, uno de los ejemplos más escandalosos de esto que decimos es el que ha provocado el 70% de los jugadores de la plantilla de la Real Sociedad, que hace unos días emitió un comunicado infame en el que calificaba de “decisión política” el proceso judicial de ilegalización de ANV y EHAK, y en el que, además, abogaba por “el diálogo entre todas las partes” como cauce de resolución del “conflicto vasco”.
Que una pandilla de descerebrados que apenas sabe jugar a fútbol se permita hacer comentarios públicos sobre una decisión judicial que ni tan siquiera han leído ya resulta sumamente grave e indignante pero que, además, realicen estas valoraciones con el único objetivo de defender a los miembros de dos organizaciones terroristas es algo éticamente indecente, socialmente demoledor y deportivamente impúdico.
De hecho, este equipo, que tiene una muy larga trayectoria en el balompié español, ascendió a primera división, tras diversos avatares, en 1967, prácticamente en el mismo tiempo histórico en el que la banda terrorista ETA comenzó a cometer sus crímenes. Pues bien, desde entonces y hasta ahora, los etarras han cometido casi un millar de asesinatos, prácticamente la mitad de ellos en Guipúzcoa, y ni la directiva ni los jugadores de la Real Sociedad, hoy tan dinámicos en su defensa de los terroristas, jamás han guardado un minuto de silencio por una víctima de los criminales; en la vida se ha suspendido o retrasado un partido por un asesinato (y no son pocos los que los terroristas han cometido coincidido con un partido dominical en Anoeta o, antes, en Atocha); nunca la entidad deportiva como tal ha hecho público un comunicado de condena de la barbarie terrorista; y, desde luego, en ningún momento a lo largo de los últimos cuarenta años la Real Sociedad, así como el Athletic de Bilbao, ha mostrado un mínimo de sensibilidad hacia la constante, persistente y permanente erosión de los derechos humanos más elementales que tanto la banda terrorista ETA como el mundo del nacionalismo radical han dirigido hacia las instituciones democráticas y los ciudadanos no nacionalistas.
Por el contrario, en las gradas del estadio realista, repetidamente, se ha ovacionado a los asesinos de ETA, se han mostrado símbolos de apoyo a los criminales, se ha hecho apología de la violencia etarra y se han mostrado enseñas profundamente injuriosas para todos aquellos que pensamos que los terroristas y sus acólitos solamente tienen sitio en los juzgados y en las cárceles.
Salvo honrosas excepciones siempre individuales, esto ha sido y esto es la Real Sociedad. Una entidad guipuzcoana, quizás la que más importancia tiene a nivel popular, silente ante los crímenes, colaboracionista con los adláteres de los criminales, absolutamente incapaz de mostrar un ápice de solidaridad con las víctimas y siempre dispuesta a adherirse a los verdugos etarras. Aunque sea desde segunda división.

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