El “Mundo” vuelve a la carga revelando nuevos datos que certifican lo ya sabido. Parece que estamos ya insensibilizados ante lo aberrante. De tanto haberse tratado el asunto en toneladas de papel de prensa, parece que ya nada es noticiable, sorprendente, por muy grave que sea la cuestión. Y sin embargo, ya lo creo que es grave. Es gravísimo. En cualquier país democrático del mundo occidental –cada vez dudo más de nuestra situación geocultural y de la convalidación de nuestro sistema jurídico-institucional- habría detenido, procesado, juzgado y sentenciado al culpable de esta guisa por traición a sus compatriotas. Sin embargo...

Dice El Mundo que el inicio que dio lugar al proceso de negociación del Gobierno con ETA fue una carta de la Banda ofreciendo emprender una negociación política que fue aceptada bajo el planteamiento de respetar la libre determinación de los vascos.

Esto de hacer tabla rasa al ordenamiento constitucional y aprestarse a un juego de voluntades sobre la independencia de los vascos me parece francamente delictivo. Sin ambages: delictivo. Es decir: no cabe negociar con una banda terrorista, pero, además hacerlo sobre el presupuesto de una negociación política que hace saltar la Constitución por los aires me parece sencillamente alta traición. Es conspirar desde las principales estructuras del Estado contra el propio Estado. Tiene una gravedad inusitada. Es fantástico, sorprendente, bananero, golpista. Aunque sólo sea desde su formulación formal.

¿Qué es lo que hizo girar la estrategia del Gobierno y de sus instituciones marionetas como la Fiscalía, el Juez Garzón y la instancia policial?

Sin duda no fue ni el atentado de la T-4 ni los sospechosos amagos de acciones terroristas que ha desarrollado ETA, casi siempre frustrados (demasiada ineficacia para ser verdad). Tenían blindados los acuerdos y sacados de todo acontecimiento coyuntural. Algo empezó a cambiar desde las elecciones navarras, con los vaivenes contradictorios de las políticas de alianzas pasando de un complot siguiendo el paradigma de Tinell para conformar un gobierno nacional-socialista en Navarra a la posición contraria, dejando a UPN gobernar en minoría. (Por cierto, ¡qué callados están los de UPN en los últimos tiempos y qué cosas más paradójicas hacen o dicen, parece como si estuvieran secuestrados!). A nadie se le oculta que Navarra era el elemento principal de la negociación política. Lo hemos oído de los principales dirigentes batasunos como Otegui.

Mi hipótesis es que los sondeos de opinión daban que Zapatero perdería las elecciones si traicionaba a los navarros, a la historia de Navarra y a la entidad jurídica navarra. Sobre todo tras la estupidez cometida con la Reforma, a todas luces inconstitucional, del Estatuto catalán. Y sólo ese elemento hizo girar las posiciones, con lo cual el Gobierno Zapatero rompió los pactos políticos contraídos con ETA, que consistirían en anexionar Navarra a la Euskadi nacionalista y abrir un proceso de autodeterminación al estilo kosovar, con o sin independencia. A cambio, ETA se comprometería a pasar a la arena política (ANV) y abandonar la acción terrorista en el desenlace final de ese proceso si se cumplía el guión de los pactantes en Lizarra. Porque...¿el pacto de Lizarra, del que nadie habla, ha muerto? Yo digo que no. Se había fortalecido con la inclusión de un nuevo socio: el PSOE.

He dicho que hubo un giro estratégico por razones electorales, lo que no he afirmado es que se haya abandonado la ruta de negociación de fondo. Apuesto a que si Zapatero gana las elecciones todo volverá a su situación precedente, pues planteo que el posible escenario actual de una negociación de fondo, entre bambalinas, con una tramoya de recomposición del mapa político y de apertura de la espita para la soberanía nacional vasca, sigue en vigencia, aunque bajo la apariencia de una ruptura, meramente coyuntural.

Zapatero y sus acompañantes son un peligro para los españoles. Es cuestión de supervivencia. No podemos permitir que gane las elecciones.