Mi esposa, que es abstencionista amén de comunista – ella asegura que por convicción ideológica votaría al PCE si este partido fuera a las elecciones “con su hoz y su martillo” y no escondido bajo una marca blanca, IU, y avergonzándose del comunismo, pero tal y como está el asunto mejor se abstiene – me asegura que, en este momento, si le obligaran a ir a votar debería elegir entre “los dos” que tienen más probabilidades de gobernar y que puesta en esa tesitura tan desagradable votaría por Z, como el jubilado de Moratalaz. Y esto tras una profunda discusión, alentada por mí, que me gusta mucho el debate político, sobre la necesaria prevención de distinguir ideología y partidos políticos a la hora de justificar el ejercicio del derecho al sufragio universal, libre, igual, directo y secreto que establece nuestro sistema.

Sin embargo yo, que soy más de ejercitar los derechos que el sistema nos permite, porque no está la cosa como para ir renunciando alegremente a ninguno de ellos, aunque sea o nos parezca irrelevante, considero que una de las pocas maneras que la actual democracia – llamémosla así – nos permite expresar nuestra opinión política es a través del ejercicio del derecho de voto y, en consecuencia, resultaría incoherente no ir a votar el 9 de marzo. Otra cosa es lo que cada persona vote en esa ocasión y tampoco en este extremo nos ponemos de acuerdo; si es que somos una pareja bastante peculiar. El voto útil, con la nariz tapada, a un partido que a ciencia cierta sabes que no sólo no representa tus ideas sino que, además, te está tomando el pelo a propósito con unas siglas engañosas, es un ejercicio que yo definiría como auto-flagelante e innecesario. Auto-flagelante porque mortificas tus “carnes” ideológicas con el dolor que produce darle tu confianza a quien no la tiene, ni se la merece, y además sabiendo que te tanga – aunque ella opina que basta con definirse como “socialista” para ser de izquierdas, frente a mi opinión, que exige hechos y no definiciones –; e innecesario porque tanto PP como PSOE tienen un colchón grande y mullidito de “voto cautivo” procedente de sus hooligans incondicionales, con lo que tu voto no va a significar mucha cosa.

Yo votaré en conciencia, a la coalición Bloc-Iniciativa-Verds – soy militante de Iniciativa del Poble Valencià, con lo que la cosa no tiene mérito alguno, claro – porque representan a mis ideas y porque se ajustan a la coyuntura actual, huyendo de posturas monolíticas ancladas en presupuestos ideológicos antediluvianos, vetustos y desfasados. En el actual Estado de las Autonomías y con la actual Ley Electoral, suponiendo – yo creo que con cierta solvencia – que ninguna de las dos cosas va a modificarse porque estoy seguro de que no existe voluntad política de hacer ningún cambio al respecto, lo lógico es que la izquierda se organice por Comunidades Autónomas, buscando la mayor representación posible, concentrando el voto por circunscripciones electorales y no aspirar a formar partidos de ámbito nacional, que como IU están condenados a ser fagocitados por el bipartidismo imperante consagrado por la Ley d’Hont. El País Valenciano, tras el ejemplo de Catalunya con Iniciativa per Catalunya-Verds, ha abierto el melón del futuro de la izquierda y ha fundado Iniciativa del Poble Valencià, que representa a la izquierda moderna, con los pies en la tierra y los ideales intactos, y a esos voy a votar, en conciencia, sin taparme la nariz. Con un par.