Para algunos el aprender no ocupa lugar. Lo que no dicen es si ocupa tiempo, lo que es evidente que así es.

El señor Chaves, presidente de Andalucía hasta las próximas elecciones, se apunta a la  moda imperante de decir tonterías en campaña. Es como si el ejercicio del poder indujera al liviano pensamiento de que el resto de los mortales tiene una sencillez intelectual aún mayor del que posee el bastón de mando; lo cual ya es decir en estos casos particulares.

El actual presidente andaluz considera que para facilitar la movilidad laboral los andaluces deberían aprender al menos tres lenguas autonómicas: el gallego, el catalán y el euskera. De ese modo podrían trabajar en las correspondientes autonomías cuando fueran países independientes (eso lo digo yo).

Se me ocurre una pregunta: ¿y qué sentido tiene entonces que la Constitución obligue a todos los ciudadanos españoles el conocimiento del español (castellano)? Parece lógico que la Constitución, previendo ésta kafkiana situación de las lenguas regionales, obligara a que todos los españoles se entendieran mediante su milenaria lengua común.

¿El señor Chaves y sus conmilitones socialistas han enterrado ya la Constitución española y se sitúan en un escenario de independencias regionales a la carta? Parece que así es, sobre todo desde que inventaron el término “realidad nacional” y pusieron rango legal al Estatuto secesionista catalán, actualmente en el congelador del Tribunal ¿constitucional?

Sugiero que para simplificar las tareas de aprendizaje lingüístico de los sufridos andaluces inventen una neolengua: el galeuscat, mediante la aglutinación de las tres lenguas mencionadas. Si lo hicieron ya con las diferentes modalidades de euskera conformando una lengua de nuevo cuño, -el batúa- lo mismo que también hicieron con el catalán, homogeneizando las diferentes hablas, también lo podrían hacer con las respectivas lenguas, y así los andaluces no tendrían que aprender lenguas tan dispares como el euskera y el catalán o el gallego.

Aunque pensándolo mejor, ¿no sería más práctico que todos habláramos lo que siempre hemos hablado, que es esa lengua maravillosa que hablan cuatrocientos cincuenta millones de personas en el mundo?  Así, yo que soy vasco podría comunicar con mis paisanos de aquí sin problemas, pues, ¿cómo voy a favorecer mi movilidad laboral si la lengua de mis antepasados alaveses es el castellano y no me ha dado la gana de aprender el vascuence, sencillamente porque ni la ley positiva ni el derecho natural me obligan?