Ismael El-Qudsi, Search Manager de Live.com, Microsoft, (elqudsi.com) escribía el otro día algo que me parece interesante. Uno parece que vive como en la película “Atrapado en el Tiempo”. Cada vez que se abre una nueva red social, siempre nos encontramos los mismos pasándonos invitaciones para entrar. Y es así de cierto. Aunque me anuncien la creación de nueva red, declino entrar. Pero siempre aparece alguien que me invita. Luego, con el tiempo, me encuentran el resto de amigos de otras redes.
Es cierto que la teoría de los 6 saltos es de los años 20. Se supone que soy capaz de conectar con cualquier desconocido no en una media de 6 saltos, sino en esos 6 saltos. Desconocido de cualquier parte del mundo, se entiende.
La red social, por tanto, quiere que nos presentemos con nuestros conectados directos, nuestro salto número uno, para poder llegar en 6 o menos saltos a personas desconocidas pero con las que puedo compartir algo. Las hay más profesionales o más personales, las hay universales o centradas en una cultura. Siguiendo esta teoría, está claro que llegar a Ben Landen es cuestión de minutos. ¿No? ¿Por qué no? He de suponer que me es desconocido. Así que, si mando un correo a un conocido, en seis saltos llegaré a contactar con él. El problema es que me temo que no me contestará. Alguno pensará que este elemento no tiene correo electrónico. ¿Seguro?
Entonces, los 6 saltos no sólo suponen que yo llegue a alguien, sino que, además, ese alguien responda. Hace unos meses, un amigo mío encontró el trabajo que buscaba en Londres porque alguien de una red social me pidió que le conectara. Dos conocidos, un desconocido y un puesto interesante. Ese amigo debió de contestar, porque ahora está en Londres.
Pero las redes sociales ya no son sólo eso. No lo pueden ser. Muy poca gente está dispuesta a comenzar una relación personal de forma tan directa como recibir un correo para contactar. De hecho, en la red social Turismo 2.0, me mandan correos tal que así: “Fulanito quiere ser tu amigo”. ¿En qué quedamos? ¿Es una red profesional o una red para quedar? Sé que es profesional, pero eso de que “quiere ser tu amigo” suena de pena.
¿Y cuál ha sido el exceso? La plataforma. La aparición de plataformas para hacer valer llegar a alguien 6 saltos puede que sea facilitar las cosas. Si nos damos de alta, en teoría, podríamos hacer que esos saltos fueran más ágiles y estructurados. Esto es, podríamos buscar por temas, personas y puestos, roles sociales y profesionales.
Nada parece más fácil y nada parece más sencillo. Las redes sociales como la conexión en 6 o menos saltos entre desconocidos. Pero han derivado en algo más que un directorio y el pedir permiso para molestar a alguien.
En vez de ser el facilitador de una conexión continúa y constante, la red social podría ser algo más sencillo aún. Podría ser la plataforma la que crea la conexión en si misma. El motivo o la densidad misma. Las personas, nodos finales, completarían la red social dando contenido a lo que une a esa red. De tal manera que la plataforma no es tanto el número de adheridos como el contenido de esa red. La densidad de esos contenidos, y no tanto la densidad de personas, crea lo que verdaderamente es red en Internet. Por tanto, creo que las redes sociales son plataformas sin forma, esto, puro instrumento de conexión, sin más. Y en esa revolutum nos encontramos 3 millones de seres a la deriva y sin saber por dónde empezar. De hecho tengo una red social de más de 100 miembros con la única misión de que “por mí que no quede”, esto es, no dejar se ser nodo para la toma de contacto entre personas.
De hecho, los que participan activamente en las redes sociales son una minoría. Por eso hay que medir, pues, la densidad, los contenidos de esa red más que los usuarios. Está claro que YouTube tiene muchos contenidos, pero son sólo subidos por un 0,4% de los usuarios registrados.
Por eso creo que D21 posee la característica esencial de una red social. Su continuidad no la marca el número de registros sino la subida de contenidos por una minoría. Esos contenidos crean en sí mismos una red social de lectores y curiosos. Una vez que se consolida, cuesta poco elevar el ruido, posicionarse en la Internet. ¿Para qué? Más bien ¿por qué? Si suponemos que son minoría los que acceden y escriben, si suponemos que son una minoría activa, tenemos que suponer algo común a otras redes. Esa minoría es el sólo el 0,4 % de lo que nos queda por descubrir. Entonces sólo queda darse a conocer. Para ello, nada mejor que dar más visibilidad a la red, ampliar su ambición en todos los frentes. En esto ser o participar de visiones conservadoras de la vida ayuda muy poco. Nada. La participación tiene su límite. Las redes sociales han de reinventarse cada día y tropiezan cada día con que esa reinvención es una nueva red social. Y estamos muy cerca de conseguir la siguiente fase. Una personalización con mayúsculas. Al final, son los más inquietos los que hacen el ruido. Pero son mayoría los que escuchan la música de esa orquesta. Si pasa el tiempo sin hacer nada pasará la única oportunidad que hay en la red: la primera.

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