Cuando yo estudiaba económicas, allá por la última década de la pasada centuria, estaba de moda escribir citas lapidarias en las puertas de los retretes de la facultad. Allí, entre algunas obviedades intrascendentes y mensajes sin proyección, apareció un día una inscripción enigmática, que rezaba “gonorrea obtusa”. Simple, tal vez dadaísta, pero a la vez intrigante, profunda, trascendente, iconoclasta, contracultural y provocadora. Aquel innovador del graffiti dejó en la puerta de un retrete una pincelada de su genio, una proyección en el tiempo de un pensamiento retroalimentado en un circuito interminable de feed-backs sin solución de continuidad, y sembró la duda, que es a lo máximo que puede aspirar una mente prodigiosa. Hoy, casi veinte años después, la leyenda continúa.

“Gonorrea obtusa” Mira que le he dado vueltas, que organizamos charlas, forums, coloquios, mesas redondas, quedadas, intentando alcanzar parte del conocimiento que a buen seguro se obtendrá de la resolución del enigma, pero todo resultó infructuoso; apenas una serie de hipótesis deslavazadas que a lo máximo conducían a callejones sin salida. La gonorrea es una enfermedad de transmisión sexual, sí, pero porqué “obtusa”; la gonorrea puede ser galopante, aguda, leve, en diferentes estados de desarrollo, con diversos grados de malignidad, pero él escribió ¡obtusa! Obtusa es cerrada, que deja poca abertura, tal vez inextricable, inabordable, replegada sobre sí misma, pero en todo caso geométrica ¿Cómo iba a ser una gonorrea obtusa? Si es que, para llegar al pensamiento de un genio hace falta una mente igualmente genial, y no nos engañemos, la mayoría no estamos a la altura; y para colmo, quien está a la altura, no ocupa su tiempo en estas disquisiciones, que seguramente le resultarán tediosas.

Así las cosas, llegados a este punto del análisis y habiendo renunciado a persistir en el abordaje de la cuestión, “gonorrea obtusa”, como “alea jacta est”, “c’est la vie”, “eureka” y “die todten richten schnell”, se ha convertido en un grito de guerra que expresa inconformismo, iconoclastia, contracultura, tal vez alternativa. La humanidad es intrínsecamente, por su propia idiosincrasia, antitética y contradictoria; sin ella no existiría la filosofía, ni la ciencia, ni la poesía, pero el futuro sería más acogedor y la vida más placentera. Sin embargo la humanidad se muestra incapaz de renunciarse, de negarse, de sublimarse tal vez a sí misma en un ejercicio metafísico a la vez imposible y tremendamente pragmático. Z va por el mundo perpetrando indecencias por lo criminal, como la compra de votos por 400 € del ala, del ala ajena claro; Rajoy y los suyos enseñan, cada vez con mayor descaro, la pezuña reaccionaria; y Llamazares se refugia en el circo virtual que se ha montado por libre en Second Life, ahora que ya no lo utiliza ni Cristo. La realidad nos abruma con sus infinitas tonalidades de grises, el mundo es cada vez menos acogedor y la basura que generamos se nos come, por lo que sólo nos queda gritar a todo pulmón, que se nos oiga bien: ¡Gonorrea obtusa! y que Dios nos pille confesados.