Aún no se ha comido el atardecer y la noche ya inunda los campos con sal. Cuando el viento sopla con descaro, surge el brillo de la sal esparcida por la tierra.
En épocas de sal, cuando las semillas se acurrucan bajo la tierra para morir en paz, los pasos agitados de los campesinos advierten que sólo quieren oír soluciones.
Extrañas figuras se ven deambular por los campos en noches despejadas, dejando tras de sí una estela de luz; como cometas indiferentes a los ladridos. Los perros alertan a sus dueños y los poetas, a la nación entera, pero nadie los escucha.
Los campos salados, que anuncian el hambre, son hermosos de noche, como creados para Van Gogh. Océanos sin agua construidos por el hombre para el hombre; casinos de sueños ajenos en los que se juega sin riesgo.
El regreso de los rituales y las supersticiones indica a los saladores una victoria cercana. La construcción de plantas desalinizadoras se acelera entonces. Es ya la época del líder de masas hambrientas de promesas imposibles. Las anestesiará y las guiará hacia una eutanasia que nunca desearon. Campesinos venidos de tierras lejanas recorren ya el horizonte con sus carruajes viejos. Los asentarán en campos de sal y trabajarán en la cosecha de sal. La nación entera será una Penélope que sólo esperará a Keynes. La sal volverá al mar y, por las noches, a los campos.
Cuando la hambruna se extiende por todas las fincas, lo saladores amplían el horario y el número de empleados. Ahora se salan los campos a plena luz del día. Ya no hay luciérnagas que valgan. La costa es un hervidero de camiones repletos de sal. Muchos campesinos hambrientos se ofrecen para salar sus propios campos por la mitad del sueldo de un salador nocturno. Los perros y los poetas se han callado y las abejas ya están muertas.
Un lugareño empieza a recoger sus cosas. Sacude la sal del abrigo. La mañana anterior, le llenaron incluso el bote de sal. La leña tiene una capa de sal y también la pecera sin peces. Por un momento, piensa en buscar trabajo en una planta desalinizadora, pero quizá sea mejor emprender el camino opuesto al de los carruajes, que lleva al mundo del azúcar. Aunque le han dicho que los campos de caña de azúcar también han quedado estériles. Se marcha sin cerrar la puerta, bloqueada por la sal. Como sopla el viento, su terruño huele a mar. Echa un último vistazo al paisaje. Ciertamente, una verdad incómoda.

![El Fuet Diferencial [Fuet Diferencial]](/images/banners/bannerfuet.jpg)
![Los enigmas del 11M - Blog de Luis del Pino [Blog Luis del Pino]](/images/banners/LogoLuisDelPino.gif)
![Fundación Internacional O'Belén [O'Belen]](/images/banners/logoobelen.gif)
