Hoy me va a ser imposible escribir sobre el tema y motivo que pretendía. Lo explico:

Yo soy de los que creo que en España la calidad de nuestras instituciones dejan bastante que desear. No llegamos al nivel de deterioro de Italia, después del bochornoso espectáculo que hemos visto en los medios de comunicación tras lo que ha sucedido esta semana en el Senado italiano, pero nos falta bastante para llegar a codearnos con la valía democrática de las instituciones alemanas, francesas o británicas. Queda mucho para conseguir que el poder judicial sea realmente independiente y que haya una verdadera separación de poderes que es el principal elemento de validación de una democracia.

En las últimas elecciones municipales pude comprobar de forma directa cómo se impedía a la opción política que este servidor representaba presentar una lista electoral en su provincia –Álava- por una serie de decisiones cuyos criterios nos parecían bastante arbitrarios y carentes de seguridad jurídica por parte de las instancias que tienen la misión de impartir justicia. Pero tanto mis compañeros de partido como yo mismo acatamos las decisiones jurisdiccionales. Encajamos la arbitrariedad de la decisión excluyente de nuestra lista electoral y punto. Sencillamente por respeto a nuestras instituciones, aún cuando la sensación de ser mancillados en nuestros legítimos derechos constitucionales era más que un sentimiento un dato objetivo.

Este sábado se producirán dos manifestaciones en el País Vasco. Una de ETA, encarnada en sus seguidores explícitos o implícitos, en respuesta a la más que previsible ilegalización de su brazo político ANV. Otra, de los componentes del Gobierno Vasco y sus estructuras políticas coadyuvantes, contra la sentencia condenatoria de tres responsables del Parlamento Vasco en la anterior legislatura. El motivo de la sentencia judicial del Tribunal Supremo ha sido la negativa a cumplir sendas resoluciones judiciales para cerrar a todos los efectos el grupo parlamentario de Batasuna, al considerársele una extensión del entramado etarra. Yo no soy quien para valorar la sentencia que condena a Atutxa y otros miembros de la Mesa del Parlamento Vasco, ni lo voy a hacer, pero lo evidente es que hay un estado de rebelión en grado de desacato por quienes han convocado la manifestación contra una resolución del ámbito judicial, lo que es un ataque directo a la separación de poderes y al Estado de Derecho. Esta situación no tiene precedente y nos deja a los ciudadanos al pie de los caballos.

Como quiera que el futuro abierto por este tipo de circunstancias es sombrío, y que, como ciudadano vasco, no veo garantías para proteger mis derechos y libertades en una clara situación de discrecionalidad institucional y falta de seguridad jurídica; y como soy valiente pero no suicida, hoy no puedo escribir de lo que pretendía, para no perjudicar ni a mi familia ni a mí mismo.